domingo, 30 de noviembre de 2025

Dos poemas para enfrentar el fin de semana

Viernes

 

El mejor día, se resuelve con amplias emociones,

Con sortilegios dominicales y grandes aspiraciones,

Como sí… los gestos transmutaran eternidad,

En los tiempos recientes, un hallazgo:

La busqueda de la humanidad la he encontrado en una sonrisa.

 

Anhelo la tarde nublada vestida de certezas,

La humedad concentrada en las prendas de ropa,

El bosque claro, que jamás se me ha negado: 

Imágenes… hoy es viernes.

 

Corro… fantaseo en mi descanso,

Espero para hacer un remanso de nuestro espacio,

Salvamos la tarde, con el diálogo del día:

Los niños y sus desventuras, la tardanza punitiva

                                               El silencio de la tarde.

 

Me esperan los trastes, esos que nunca paran de ensuciarse,

No siempre los lavo, desaparecen y aparecen,

A veces pienso en magia, otras tantas en designios divinos temporales,

Pero tambien aparecen en mi día favorito.

 

El día, bellos momentos, se cubre con películas,

Poesía y el periódico recurrente…

Con litros de agua de limón y mucha proteina,

Algo que cubre el mundo es el cielo y el agua,

No hay tiempo para estetizar la tarde.

 

El mejor día de la semana lo antecede el sollozo laboral,

La mejor cinematografía, así como la alegria del llanto,

Será un fin de semana sin quebranto.

 

 

Anunciación

 

Intensiones: ordenar mis pensamientos,

Fluir, dejando la armonía en estado de caos,

Avanzo,

Sin estirar un cabello en la mañana ida.

 

Hay un  momento completo, camino con prisa,

el aire golpea mi rostro, se acerca el invierno,

no habrá prisa para proyectar nada,

tampoco tú recuerdo debe de inundar esta mañana nublada,

sin prisa, sin abundar en el tiempo que todo rebasa.

 

Circundo un centro comercial

llega el recuerdo, todo lo nombra,

(extraño la playa) comunicación telepática

no encuentro respuesta, no a esta hora,

debes de estar durmiendo, pienso al sol perezoso. 

 

No hablaría de ti,  no te pensaría tampoco,

pero he calculado la mañana,

por ejemplo, Heinzy no asistió,

entonces, tengo un buena medida para referir tardanzas,

es una medida única y unívoca,

como son las medidas sin peso, esas que cubren el amanecer,

con la neblina espesa y la velocidad ensortijada.

 

Miro a mis adentros, un corte, como dilema:

Tan solo haría un poema, mientras duermes,

con ese mundo que extraño y advierto, no es mío.

 

 

 

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