domingo, 14 de julio de 2019

Separación




El pathos del amor consiste en la insuperable dualidad de los seres
M. Levinas.

Capítulo I

Fue el invierno más crudo que pasé. Ernestina me llamaba continuamente, sus estupideces me hacían olvidar un poco esto que sentía. Sus palabras siempre estaban en el orden de la exigencia, no sé, si es porque le enseñaron bien en la Libre de Derecho. Pasó ocho meses sin empleo viviendo de sus propios ahorros. Mientras yo me sentía miserable por no encontrar un empleo bien pagado. Pero me alegro por ella, por su fuerza al soportar un tiempo tan prolongado sin laborar, pero también porque ese tiempo estuvo separándose de su novio.

Intenté trabajar en Telas Parisina, el horror se me vino encima cuando veía el trato que los jefes directos tenían con las empleados, más bien empleadas, lo más singular era que todas las empleadas estaban en una competencia feroz, no podía entender por qué. Pues cómo incentivos de ventas te daban pesos o centavos, no lo recuerdo con claridad. Lo que si recuerdo eran las maneras de mi jefa, que no tenía empacho en mandarme a organizar cualquier tela, ropa u objeto que se presentara desordenado. El tercer día le dije a Teseo, que yo no quería ese trabajo.

Ernestina estaba de forma paralela, contándome de Ramiro, su pareja que ya andaba con otra, algo de sus actividades, la caída de la bicicleta, la demanda que entabló por su caída, del wey que la andaba morboseando por facebook, el mismo que le dio empleo, pero eso lo cuento más adelante. Es tan ligera que todas sus estupides me caen bien, incluso la admiro por esa capacidad que tiene para acceder a lo que desea, bueno, menos al amor, pero lo laborar tiene mucha suerte, ni se ha titulado de la licenciatura y a la wey ya le dieron un puesto de coordinación.

Justamente la crisis que vivía con Teseo, se sobrepuso con mi desempleo. Recuerdo que Ernestina me contaba sobre su necesidad de encontrar empleo, por audio me comentó sobre la posibilidad de entrar a la secretaria de Desarrollo Social, esa certeza la tenía después de ver por medio de facebook que Joaquín tenía muchas visitas a su perfil, “el wey me esta morboseando”, me decía con su voz cantarina que nunca denotaba tristeza. Cómo si la posibilidad del ver era una convocatoria de empleo.

Teseo dejó de buscarme, nos veíamos cada semana por su trabajo, pues a mí me habían corrido de la Secretaría de Obras Administrativas Enfocadas a Areas Públicas sobre Comercio Informal y Anexas, todo fue por culpa del pinche molusco, sí el wey que era jefe de la secretaría. A veces pienso que solo se deciso de mi porque sabía de sus amoríos con Violeta, mi jefa directa. Con la cual salimos con muchas diferencias Ernestina, Silvana, Anastasia y Minerva. Pinche molusco, hasta pienso que es por su culpa que terminé con Teseo.

A Ernestina la echaron del empleo un mes después de mi. Tuvo suerte, un mes más de pago le beneficio sin lugar a duda. En cambio, yo ya no sabía qué hacer con mis deudas, tenía una vida gozosa mientras laboraba en la Secretaria de Obras Administrativas Enfocadas a Areas Públicas sobre Comercio Informal y Anexas, por lo cual tenía mis propias deudas, obtuve el monedero electrónico, compré ropa, más bien, me endeudé con ropa, pues no podía seguir vistiéndome como una vulgar servidora pública, aunque pensándolo bien, sería antinatural que un servidor público se vistiera mal… en fin, disertación que no tiene lugar en estos menesteres… o no lo sé. “Focus”, le diría a Teseo cuando yo misma veía como me dispersaba de la idea principal de la conversación.

Estuvo en la parte más vertiginosa de mi época laboral en la Secretaria de Obras Administrativas Enfocadas a Áreas Públicas sobre Comercio Informal y Anexas. Siempre pensé que violeta me quería bien, pero na´, qué iba a ser, era muy rara, estaba loca, no me parece extraño que le haya hecho caso al molusco, pero quién soy para criticar a una persona así. Lo cierto es que después de su mentira sobre su renuncia, sin ponernos sobre aviso, la limpia de la secretaria que haría José Manuel Amieva, la verdad es que fue en todas las oficinas del gobierno de la Ciudad de México.

Teseo tan solo me consolaba. Pero las cosas habían cambiado, no me tocaba, en verano cuando fuimos de vacaciones a la playa, era horroroso sentir este deseo que me carcomía por él, por su cuerpo, pero no me deseaba sexualmente. Nos tomamos algunas fotos, sus nalgas me gustaban mucho, no lo sé, no tienen esa forma alargada de la tendencia general. Simplemente me gustaban. Por eso digo que la culpa de todo esto también la tiene el molusco, pinche viejo, si hasta quiso tirarse a Ernestina, la mensa lo compartió con nosotras, hasta con Violeta, como casi todas ya sabíamos por dónde iba la cosa pos´le dijimos de la forma más correcta que ella sabía de la decisión que tomaría.

Desde esta distancia, pensamos que Ernestina vio en un papel bajo al Molusco, quizás porque quería un poco a Durán, quizás porque dijo aún no es el personaje con el que voy a negociar en la cama, la verdad es que no pasó a mayores. Violeta pudo respirar tranquila, porque aunque era el querer del molusco, algo, dentro de ella aún lo hacía sentir afecto por él. Ya saben cosas del amor y de mujeres. Lo cierto es que todas fuimos a parar al desempleo, algunas con más suerte que yo, lograron encontrar algo.

Por mi parte estuve buscando empleos en lugares tan extraños que nomás no veía la mía, y Teseo, alejándose. No sabía que era lo más feo, mi desempleo congénito, o qué él ya no me tocara, no lo sé, nunca me quedó claro. La última vez que hablamos él sólo se quedó mudo, mientras yo le decía una cantidad de ideas que más bien eran miedos, como aquél que porque me veía chavita podía hacer lo que quisiera. La verdad es qué siempre trató de respetar cosas que yo hacía, jamás me expuso a riesgos innecesarios, creo que él me cuidaba más de lo que yo misma lo hacía. La verdad es que había una diferencia de 10 años, en parte, ese era su atractivo, además conocía muchas cosas, o al menos mucho más que yo.

Durán y Ernestina no andaban muy bien. Ella suponía que andaba con otra wey. Así qué ella nomás aguantaba porque sabía que era temporal, regresaría a sus brazos como desde hacía tiempo, seguro le diría que se casaran. Pero ella no aguanto después de ver un video que el wey había grabado sobre la última relación sexual. Ella nomás le dio click a un video que había llegado a su celular mientras él se bañaba, era Duran y una wey muy blanca, es lo que me contó Ernestina, nomás un ojo se le hacía chico, otro grande, la pobre también llegó con mi terapeuta. Esa mañana salió sin despedirse de Durán.

Bloqueo el teléfono de Duran. Me pidió asilo la pobre Ernestina, pobrecilla yo creo que sufrió un poco, pues visitó mi departamento pequeño en el lado salvaje del norte de la ciudad, no creo que haya sido de su agrado, aunque ella venía de Neza, creo que deseaba olvidar esos barrios olvidados de la mano de los gobiernos de la ciudad. El primer día no me pudo contar, solo recuerdo que quedamos de vernos en la tarde en un sambors, ahí estuvimos cerca de cinco horas, le ofrecí mi casa, mientras resolvía que hacer.

En mi departamento, Ernestina, tomó asiento en el lugar más cómodo, tomó una de las cervezas que había traído, fue entonces que continuó contando sobre los excesos de Duran, el robo del dinero, su faceta como distribuidor de drogas, los drogadictos en su departamento, el dinero que ganaban e iba a parar con su familia. Concluimos, como buen clan de chicas, que ese cabrón la manipulaba muy bien, sabia como sacarle lo que deseaba, incluso el culero le sacaba dinero de su propia tarjeta de débito, que en ocasiones desaparecía y aparecía como el dinero público.

Para las once de la noche Ernestina ya tenía una gran cantidad de whatssap, mensaje de texto, mensaje en facebook y un montón de llamadas de amigos, amigas y números desconocidos. Estando en mi departamento les escribió a todos, “estoy bien”, “salí sin pila” y que yo le había dado asilo por el día de hoy, le recomendaban llamar a Durán que estaba preocupado por ella. Yo totalmente cansada decidí acostarme, ella se quedaría en el suelo sobre una colchoneta que me había regalo Teseo. Antes de apoyar su cabeza en la almohada, me pidió mi celular para marcar a Duran. “Hola. Me encuentro bien en la casa de Columba, estoy bien, mañana te marco para contarte. ¿va?...”, no esperó respuesta, colgó. Bloquéalo, me dijo.

Dormimos, yo tenía una cita con mi padre temprano, así que salí y le dejé cosas para desayunar. Cuando regresé ya no estaba. Me comuniqué, después del octavo intento me respondió: “We, me haces un paro, ¿puedo quedarme en tu casa hoy?”, platicamos un ratito, la escuché mejor. Llevó la cena, me contó que habló con Duran por un teléfono particular, que no lo quería en su casa el miércoles en la noche, que se largara, que sus videos de mierda no los quería ver, y que no deseaba hablar más con él, que dejará la llave con Lucrecia, una amiga en común de edificio donde vivían.

El miércoles, me pidió que la acompañara, me pidió quedarme con ella. La wey no pudo ni dormir en su cama, ella durmió en un sillón y yo en otro. A eso de las cinco de la mañana me despertó su llanto, solo me decía “¿por qué me hizo esto?”, para mi aquello fue muy fuerte, yo nomás trataba de tranquilizarla. Más cuando su amistad siempre la he tomado con reservas, creo que espero el golpe traidor. Ni el té de manzanilla, ni una cerveza, ni un tequila, solo se tranquilizó cuando fumó un churro que tenía en la despensa. “Sólo quiero olvidar sus pendejadas”, me decía mientras poco a poco iba siendo más lerda en todo, a mediodía quedamos dormidas.

Una semana después que la ví, me contaba su terapia-duelo que consistía en ligar weyes en ciertos bares, con la clara táctica de no regresar más a ellos, “¿qué tal si me resultan casados mana?”, ella siempre preocupada por la familia mexicana. Tres semanas después me llamó de un departamento a eso de las cinco de la mañana, se le había acabado la energía a la pila del celular, afortunamente mantenía el papel donde yo misma le había apuntado el teléfono en caso de emergencias. Qué le pidiera un Uber. Llegó a mi casa pasadas las seis de la mañana.

Comenzó a contarme de su fin de semana, suicida diría yo, hasta que perdió la razón y terminó en un departamento de quién sabe quién entre una comunidad variopinta que no reconocía, hasta estaba ahí la chica que le vendía la mariguana. Me pidió ayuda, pues la contacte con Magda mi terapeuta, la misma de la que dudaba Teseo, que porque quizás solo me lavaba el coco, bah, con el paso del tiempo he descubierto que él, jamás acepto como buena la terapia de los cognoscitivos, solo su pinche psicoanálisis. Ustedes ya saben, pleitos entre academias, como si la subjetividad reconociera de realidades plurales con interpretaciones únicas surgidas de la academia. Pinches psicoanalístas.

A partir de ese día, me contó, se portó bien, pero que había disfrutado lo suficiente para concentrarse en su nuevo trabajo. El wey que la morboseaba en facebook le pidió salir con él, no sé en que terminó, si solo en acostón o acuerdo, no sé, pero una semana después de iniciar con terapia ya tenía empleo. Siempre he pensado que le ha ido bien a la Ernestina. Pensemos, tiene vacaciones posdesempleo pagadas por sí misma, una ruptura con drogas, sexo y mucho reguetón que cierra con terapia de Magda, para después comenzar a trabajar. Chale, sin titularse, pero aunque se piense lo contrario la estimo a la wey.

Fragmento: Separación


domingo, 21 de abril de 2019

Reseña


La quietud

Pablo Trapero
2018
Argentina


La quietud es una película de Pablo Trapero que lleva por sello la disrupción. ¿Cómo romper con el pasado tortuoso de la dictadura Argentina entre la gente: hijos, padres, torturadores, violentados, ciudadanos, desaparecidos, reubicados? Sabemos que el pasado resulta complicado retomar, por la compleja responsabilidad de los actores, sin embargo, también sabemos que el pasado nos apela, a veces confronta. Al parece Pablo Trapero encuentra dos vertientes para resolverlo: desde el Estado y lo personal, es decir desde lo jurídico y la liberación familiar, aunque toque un tema tan delicado como es el incesto.

El jerarca familiar Augusto Montemayor (Isidoro Tolkachir) muere al tener un careo con un abogado del Estado, están investigando el robo de propiedades a torturados y desaparecidos de la Escuela Mecánica de Aviación en la época de la dictadura militar en Argentina. Su muerte traerá la convergencia de la familia en La quietud, uno de los tantos ranchos obtenidos por despojo. Augusto tiene dos hijas con Esmeralda (Graciela Borges): Mia (Martina Gusman) y Eugenia (Berenice Bejo) las dos hermanas disuelven sus afectos entre la amistad, el deseo, sexo y la añoranza. La muerte de Augusto, el padre, pone al descubierto su pasado como colaborador de la dictadura; incluido el odio de la madre hacia su esposo e hija. Con él por la violencia sexual ejercida sobre ella; con Mia por su nacimiento en torno a la relación conyugal perturbada. 

Los documentos incriminatorios que deja el padre a Mia serán los que undan a la madre en la zozobra jurídica, pues el Estado desata una demanda en contra del despojo de tierras. Mia decidirá exponer tales documentos exponiendo a la madre a un proceso legar que embargará todos los bienes inmuebles de la familia Montemayor. El truco de Trapero es centrarlo en lo jurídico, despegándolo de las responsabilidades que conlleva, específicamente por la carga moral de estar relacionado afectivamente, ya no digamos familiarmente, con las personas que fungieron como operadores de la dictadura argentina.

Por otra parte, trapero permite repensar el tabú del incesto en la descendencia de la dictadura. Mia y Eugenia al comenzar con su proceso de adolescencia tienen la primera gran separación, que trataran de subsanar compartiendo su intimidad: afecto, confianza, comunicación y sexo, también incluye al novio y al esposo. Lo cuál hace que la escena de sexo entre hermanas sea tan incomoda, disruptiva. La muerte de Augusto lleva a repensar y a dialogar los significados qué las hermanas tienen para sí, lo cuál traerá angustia, dolor, miedo, ataques neuróticos que solo exacerbaran la decisión final. Eugenia decide quedar embarazada por inseminación artificial eligiendo a su hermana como pareja, en un país lejano a Argentina.

Pablo Trapero retoma la intimidad como el límite de lo humano en esta ocasión. Una película totalmente provocadora desde la belleza de lo íntimo. Trapero en películas como Leonera (2008) o Carancho (2010) expone la toma de desiciones complejas, de gente común, muchas veces condicionadas por las condiciones socioeconómicas de un espacio opresor como es Argentina. Ahora nos presenta la intimidad familiar de gente con una posición socioeconómica “cómoda”. La intimidad ahora será el vinculo que permita la liberación de un tabú como es el incesto, ese rompimiento trae aparejado lo nuevo, no se obstruye con el deseo o erotismo, va más allá: el vinculo sólido de pareja y la procreación de un ser, Eugenia queda embarazada. El contexto resulta ser, una familia que padece la dictadura militar, desde el lado cómodo, pero la respuesta es la liberación en la elección de la pareja, incluso siendo hermanas o mujeres.

Abril, 2019

domingo, 7 de abril de 2019

Complot en Tultitlán


A mis amigos(as) de Liceo


Resultó qué el juanelo se levanto con su pereza desmedida esa mañana. Alistó a jorgito, su hijo, y a chatita, una perra chihuahueño que siempre ladraba. Se bañó, preparó el desayuno, el cúal agradecieron no solo su hijo, también su esposa que había dormido hasta muy entrada la madrugada, analizando balances de la empresa donde trabajaba. En su automóvil gris distribuyó a su familia: jorgito se quedó en la primaria, su esposa en sus oficinas cercanas a la Lopez Portillo. Se encaminó después a su trabajo.

En cuanto llegó a la coordinación, donde laboraba, Juanelo saludó al intendente, a su jefa directa, el orden ante todo estaba diseñado para tener a los trabajadores siempre atentos, siempre acomedidos y siempre preocupados por el bien de una pequeña empresa que estaba por sentir sus más pesados días en el concierto de la amenaza internacional. Seguro era parte del karma de la institución, situada en lo que fueran campos de cultivo. Muchos dicen que el dueño de esa institución se hizo a la mala de esos terrenos. Sabrá el santísimo, en esos municipio no creo que las cosas siempre se hagan a la buena, o como diría el manchas: “por la derecha”.

Llegó tarde lupita. Escote deslumbrante y rizado que contrastaba con sus rasgos mestizos. Palabrarón sobre las condiciones, los nuevos levantamientos de los trabajadores salvajes, la presión de los proveedores. Hasta que llegó un joven trabajador de la planta número tres, decía ser proveedor de las mejores intenciones, pues sus compañeros se estaban decidiendo a armar un boicot debido a las malas maneras, la continuidad en el pago laboral bajo y la falta de escalafón en la empresa, aquello que sonaba más bien a condiciones sindicales, se obtinarón en verlo como una manera de acabar con la empresa.

Ante tal situación, lupita y juanelo conferenciaron un momento. Decidieron que aquello no tenía que derimirse por las presiones, los golpes, los despidos. Cruzaron algunas palabras con el joven soplón esperando más informes, se le asignaron tres horarios fijos: mañana, media jornada y antes de marcharse. En cambio le ofrecieron mantener su empleo, quizás con un grado menor, pues con toda seguridad venía de la planta tres, donde rijosos, hombres de mala reputación, mujeres de la más alta estima y maquinas defectuosas adquiridas en Estados Unidos lo marcaban totalmente. Por algo le decían “el marcas”, aunque ese apodo provenía de aquella lucha que tuvo con el junior en la Malinche, namás le tocó unos rayones con una punta en la nalga derecha, de ahí su apodo.

El marcas fiel a su condición mantenía sus horarios de divulgación puntualmente. De hecho lupita le empezó a coquetear, digamos, fuertemente. Los escotes se combinaron con tacones de hasta 10 cm., las faldas cortas empezaron a aparecer en la oficina. Mientras juanelo trataba con 1200 cosas para hacer más llevadera la institución, lupita trataba de organizar el desastre en el que estaba sumergida la oficina. Parte de aquello se debío a una demanda del dueño de la empresa: el Inge.

El Inge era un pequeño empresario que supo sacarle jugo a las relaciones con el municipio de Tultitlán cuando era síndico Anastasio San Isidro, compas de la primaria y amantes de Renata. De ahí se hizo de unos terrenos, y una infinidad de relaciones que lo llevaron a ser un prócer del municipio, durante un tiempo aparecía en obras de caridad, frecuentemente aparecía en fotografías cargando un niño, consolando a una mujer divorciada, ayudando a una persona de la tercera edad, limpiando lo mocos de algún niño extraviado en la calle, en fin, pensemos era un persona pública en uno de los municipios más peligrosos de México, por supuesto solo un poco antes de Ecatepec y Juárez. Así que el Inge, se dedicó a las causas difíciles: los cambios de uso de suelo desde la oficina de Catastro Municipal.

Era muy bueno manipulando a funcionarios, leyes, incluso los propios funcionarios del registro público le tenían mucho respeto, pues sí que tiraba el dinero, es decir gustaba sobornar a cualquiera, hasta al franelero. En alguna ocasión, un funcionario medio le aparecío con una hermosa dama, casi al final de su horario laboral, dicen los entendidos que solo era una noche de pasión, pero que el Gildardo abusado, se casó con ella y se fue a Delicias, Chihuahua, para formar una bella familia. El Inge, seguro que tenía tino. Así qué no solo unía a funcionarios de medio pelo, también lo hizo con sus hijos para que le aseguraran buenos contratos en la construcción y el intermediarismo de alimentos perecederos.

El Inge cuando calló en desgracia en la política de su municipio natal, se afianzó dos negocios en los que se consagró fehacientemente. Uno de ellos se lo dejó a su esposa, otra lo manejó él. Dicen que tenía otros negocios, algunos gimnasios, lavanderías, entre otros. Pero nada comprobable, así qué pensemos que se trataba de divulgación oral, la cual solo tenía como fin enaltecer a tan noble persona como lo era el Inge.

El negocio que manejaba su esposa, iba viento en popa; el negocio que él mantenía, no podía levantarse. Todo sucedió después de varias demandas de trabajadores, como se ha comentado, por exceso de trabajo, por abuso sin fin, bueno, el Inge. Era bueno en los negocios, pero no en el trato a las personas, así que para que su negocio luciera bien, contrato a juanelo, un hombre entrado en peso, gritón y un poco acosador de mujeres. Pero el Inge lo tenía bajo control, así que el dúo que alguna vez fue dinámico, con esa demanda pasó a mal término.

Juanelo siempre trataba de complacer al Inge, alguna vez trataba de acercarle favores sexuales a su jefe, la entrada en belleza, solo que menor de edad, nombrada Mariza, no terminó muy bien la cosa, así que desistió el coordinador. Juanelo entonces, dejó de jugarle a corredor de blancas. Sin embargo, la demanda llegó en un momento en que el Inge. viajó a Flandes por el casamiento de su hija, la más rebelde, jamás quizo casarse con su vecino socio de la cementera Cemex. Por lo que en sus estudios de doctorado en la Sorbona conoció a un lider político sindical, del cúal se enamoró y terminó en el altar. Así qué el Inge cómo padre receloso de su deber, la entregó de blanco, sirviendo el gusto de poco, al año se divorcio decidiendo hacer mundo, visitando el mayor número de países posible.

Fue desde esa demanda el Inge no levantó cabeza. Así qué el mal augurio del soplón de la planta numero tres no evidenciaba cambio alguno. El Inge habló con aquel hombre que le informaba sobre lo sucedido en la empresa. Un día llegó un poco exaltado, aquel soplón, les informó que no podía seguir, lo habían descubierto. Justo sucedió cuando el soplón se negó a proceder con desacato y lujuria con el cuerpo de lupita, pues él podría ser un vil compañero, pero era fiel a su amada Begoña. También los soplones tienen corazón. Así qué juanelo a riesgo de perder un soplón, lo canalizó al Inge, que lo puso en el negocio de su esposa, para que vigilara a su conyugue, o vigilará a la secretaría, en realidad nunca se sabía.

Un día después, entraba un militar especializado en las artes de la vigilancia, fiel al país, al Estado Mexicano y por supuesto a su majestad de la división a la que pertenecia. Entró fácilmente al ambiente político de la planta número tres, dicho sea de paso: de tan honorable empresa. Sin embargo, tras el escándanlo sucedido en el golpe de estado de Venezuela, el militar en funciones, alerto al Inge: estaba por cundir un complot internacional en Tultitlán.



Apuntes sobre la Sierra de Guadalupe

  I   Las palabras se han quedado vacías, con esta humedad elevada, esta periferia que rezuma melancolía.   La lluvias se muestran atípicas,...