Horas de noche
Las palabras son apariciones
a punto de nombrar la vida
Beatriz Saavedra Gastelum
No medir la noche,
Con sus suelos grises y sus cielos empapados,
De forma inmediata:
Solicito que no se extinga,
Con las horas disímbolas
Salpicando el deseo nocturno.
He cobijado la noche
Con la ausencia permitida
En rodajas de luna menguante,
Pero ningún sortilegio me enorgullece,
Solo:
Quiero escribir como bestia
Para enlazar el mundo con la percepción límite.
Amplio horizonte me digo,
Sin tregua alguna,
El paisaje se vincula con el cuerpo,
Ser de la finitud
En rictus de tradiciones alopécicas.
Pronto,
La pesadez llega a mis palabras,
Anunciando la maldición de las horas
Con sus sortilegios solitarios,
El llanto cuadra en las esquinas,
Se ensalsa en solida numeralia.
Sigo sin entender
La noche como recarga de la vida,
Llamo al insomnio
Para reconocer que también es la vida,
Nada me nombra,
La mente desfallece sin tregua,
Tanto cansancio en este fin de semana.
Referencias
Yo soy una ambulante sepultura
En que reposa tu fugitiva permanencia
Que me va madurando, lentamente,
Hasta que mi existencia entumecida
Se adiestre en vuelo que recobre estrella.
Elias Nandino
Algunas referencias necesarias se desprenden,
Los rayos caídos de esta estación del año,
La acidez laboral que golpea hasta la médula,
La gran urbe golpeando sin tregua,
Esos espacios anónimos hechos para la complicidad.
Brotas, así de la nada, como sí el paisaje arbóreo de la ciudad
Atrajerá tu presencia, llegas, con el derrumbe del fin de semana:
Ese que ocupa de trabajo de casa para estar bien,
Preámbulos que no dejan estar en mi condición ordinaria.
Apareces, en tu piel enfundada, cansada
Con tu cuerpo que es el tiempo, de ese Dios que es la nada,
Resueño de otrora tranquilidad urbana,
Eres la ciudad desde el norte hasta el sur de mi geografía metropolitana.
Llegaste, la memoria traiciona, con su corporea manía de profundizar en las pérdidas,
En las mañana con ocasos estivales y sus sueños irreales,
Cambios, modificaciones que se ensalzan provistos de la urbanidad sin tregua,
Concreto, bolardos donde habitábamos con frecuencia.
Christopher de un lado, con sus dolores que no paran de ser de la ciudad,
Diada del otro, con el mundo colapsado en sus años de luz,
Llegas aquí, memoria autoreferente, donde el aire adyacente no dice,
Cuajo de nostalgia que finca sus venas con dolores apenas.
El Valle Correcto
El límite olvida tu presencia
busco mi centro en el túnel de sombras
para inventar el estallido de palabras
donde el aire esgrime
y renazco
Beatriz Saavedra Gastelum
Es incorrecto desearte,
Tocar con la mente tu recuerdo
Sesgar la fantasía a tu orilla.
Corrección de ciegos eternos.
Evitar los pliegues del recuerdo,
Cuando el cansancio llega,
No lustrar la mañana sin ti,
Sin el dulce resplandor de la alegría.
Puedo inventar que existes
Crear las palabras que endulzan tu lejanía,
Pronto
Puedo inventar un globo terráqueo alterno,
Sin ese recuerdo lejano,
Sin más memoria que el dulce estío…
Blasfemo sobre este invierno seco
a veces húmedo
a veces sin serlo.
Pero nada borra el Valle del Mezquital:
Sus dulces pendientes en su suelo blanco/amarillo,
Nada justifica su cielo abierto
Con el brillo que deja el invierno en los días,
El viento que arrasa con la temperatura corporal
Y tu subiendo y bajando en el columpio de aquel río espectacular.
Somos la vieja sombra
Alardeando nada importar,
Como si la muerte estuviera más cerca del mar,
Como sí los huracanes estuvieran listos para zarpar.
Seguiremos undidos
En este desesperar
Donde la pasión creciente
La asigne lo moral.
La poesía: tiempo codificado
Como sí el hambre no parara,
Quiero leer poesía como un poseso,
No importa el frio invernal a venir,
Ninguna negación debe coincidir con la luz
De los/las poetas
Poco importa sí sus palabras
Sigan sin abarcar distancia,
No
Que pequeñez, el mundo inmenso,
Es un silabario con cientos de idiomas dispersos,
Más no importa.
Ahora es claro:
Ser poeta es un displacer continuo,
No es la calle maltratada
No es el mundo cerrado
Tampoco la cloaca abierta,
Es verdad, es un crujido del ser.
Como un vano que no apoya,
Las palabras se asfixian,
Se desdoblan en partículas de inestabilidad y desparpajo,
Hermosa función de la comunicación,
Alardear de todo y decirlo, bajo, muy bajo.
La poesía se aleja,
Se esgrime en palabras,
Incremente, sin nombre, cruje
Con la obsolescencia de lo líquido,
Blasfema con la palabra, ahora mía.
Lunes de home office
Antes de ser el animal rumiante
(Siempre con hambre)
Me acerco al fuego de la palabra,
Calor acontecido en el estómago,
Donde poco o nada sale sin acido limpio.
Están los dolores de la represión,
Negocios malhadado en un domingo bífido,
Aliteración postergada:
Revienta esta ansiedad en mi cuerpo,
Subráyando la somatizada madrugada fria…
escondida bajo mi axila.
No vendrá el caos social,
Algunos desbarajustes que sintonizan las horas,
Así, la empresa debe de seguir
Más muertos, sí, pero no los nuestros.
Recuerdo extinto
Repasar una Avellaneda en imagen,
Viene la pregunta: ¿Alejandrá Pizarnik habrá caminado aquí?,
Es un espacio irregular:
Amplias manzanas urbanas en abandono,
Calles con gran actividad comercial,
Parques que han estado,
Otros espacios que terminaron en parques,
Naves industriales desplomadas:
¿Fue un espacio industrial?
Pronto, se vuelve Latinoamérica:
Sus calles,
Sus formas de urbanizar
Sus procesos urbanos.
Alejandro no estuvo aquí,
Quizás sí,
no me convence mi afirmación,
Regreso a las calles comerciales
Con igual diferencia
Ese estilo de sus edificios intervenidos:
Formas practicas para una modernidad líquida.
Modificaciones etarias
Dejo de ser marinero,
madre, por ser salinero
Rafael Alberti
Cambié el vino por la cerveza,
Sigo siendo el mismo,
Cambie tu nombre por la destreza de la soledad:
Amplio horizonte sin límite,
Modificaciones diurnas ampliadas al relieve sin más.
El mar de Albertí es toda inmensidad
En los abismos se yergue la cotidianidad,
El sabor de la página a dedo húmedo,
La sobria necesidad de la lentitud diezmada.
Tanto tiempo,
Sin reconocer el ¨lomo de los mares”,
El paseo que nunca terminó
Sin daño colateral de la gran biblioteca;
Alberti en su bodegón
(Presa de tormenta tropical),
Donde el calor y las pendientes suaves cubren el paisaje.
Repasar las olas con un brillo templado
Del que siempre luce pulido,
Arrepujado, puntas redondéadas
Con un matiz de paisaje de abolengo,
El de casa de estudio vencida,
Soliviantada solo por la tradición.
Ahora, cuando viajo al mar
Quiero ver el oleo de Alberti:
Esa sublime oquedad que revienta en sus minerales,
Quiero ver a la ortodoxa Europa decadente,
Con su brillo permanente: su poesía,
Derrumbando tus onduladas olas.
El último poema de invierno
Corto,
La memoria se vuelve una,
Entre los frentes fríos y la primavera tardía.
Ha llegado una nueva partida,
El frío adentrado a la urbe gris,
Un nuevo sortilegio nombrando la vida.
Bienvenida primavera,
Con tu frígido viento dosificado,
Que alienta la vida en un duelo diversificado.
Despedida;
A ese tiempo gélido,
Con control del tiempo atmosférico,
Una bravata para el viejo reino de la despedida.
Marzo, 2026