lunes, 17 de marzo de 2014

Un danzón para la surtidora...


“Pinche Uruchurtu” -lo pensaste más de una vez-, exponerte a nuevos ladrones, proxenetas, proveedores de malos servicios. Está bien, si quieren que vengan hasta acá por sus maleficios temporales, por sus mujeres cálidas y su embriagues exudante. Que vengan todos los que tengan que llegar, que importa si tienen que atravesarn esos puebluchos de mala muerte. Llegué aquí porque había ahorrado un dinero, el Chon ya no quería seguir con esto de los cabarets. Me propusieron llegar a estas casuchas que están por caerse.  Así fue como llegué a Pachuca.

Pasos de viento


Hoy salí a encontrarme de nuevo con el viento, un viento húmedo cargado de tu recuerdo, tenue vaho matutino que se prende de las mañanas lejanas que aún no he visto. Los perros me saludaron, con sus temores, con sus aullidos, con sus ladridos que lucían como chubascos, ya lo sabes, el miedo y la ira de los perros me causa una extrañeza que no puedo dilucidar. Ellos también me hablaron de ti, me dijeron que los cielos se nublan cuando la desesperanza cubre al mundo.

Diario


Mi mirada es nítida como un girasol.
Tengo la costumbre de andar por los caminos
Mirando a diestra y siniestra,
Y de vez en cuando miro hacia atrás...
Y lo que veo a cada momento
Es aquello que nunca antes había visto,
Y conozco mucho de eso...

Alberto Caeiro
El Guardador de Rebaños




Entonces, pienso que es extraño que jamás descubramos
El sentido de nuestros actos, y sin embargo, en una u otra
Forma, siempre seamos responsables de ellos.

Juan García Ponce
Amelia






Martes ,27 de noviembre, 2010
Al salir del coloquio donde expuse, pensé llamarte. Estaba contento. Había pensado que un buen lugar sería al cruzar las islas, pero desistí. 
De hecho, regreso de León, sí, de allá por el Bajío. Ayer te hablé de allá, creo que no hubo tiempo para decirlo, pues en realidad yo sólo te marqué para saber como estabas, como te decía la cabeza me estaba dando vueltas, así que mejor lo hice. Creo que fue muy productiva mi visita a León. Yo no aguantaba estar más tiempo en la casa. Federico, mi tutor de investigación, me dijo que podía visitar una casa de sus familiares en León, así que tomé su invitación, y me fui, como seis horas de viaje para llegar allá. Me recogió un familiar de Federico, que me llevó a la casa, con la advertencia que llegarían amistades del Ecuador, “no me molesta” le dije, así qué, me puse cómodo, la casa estaba por el centro, tenía todo, hasta comida, así que me puse a mis anchas.
Llegué a León el viernes, eran como las seis de la tarde, casi noche. Mientras, por momento venias y te ibas de mi cabeza, intentaba leer algo de un etnólogo anglosajón, algo sobre la cultural, así que brincaba, intentaba escribir algún relato, pero nada, nada podía hacer con la desconcetración. Llegaron los chicos y chicas de Ecuador, con edades entre 28 y 33 años, platiqué con ellos: Lola, antropóloga, con 29 años, realizaba una estancia en una institución del DF, en el FLACSO, allá por el sur de la ciudad; Jorge, comunicólogo también de ecuador con 31 años de edad, visitaba a su novia Indira, que también estudia en el FLACSO; Indira, novia de Jorge, estudiante de la misma institución que ya repetí dos veces.
Fue relajante hablar con ellos, tomamos algo de vino tinto en la noche, me contaban historias, nos contábamos historias. Decidí irme a dormir a las doce, mientras ellos seguían platicando. Era un buen paisaje el que estaba frente al balcón que me tocó, con una calle sola, y todo un lote construido frente a mí, podía ver la vieja ciudad. Los pocos carros que pasaban tan sólo hacían notar la tranquilidad de ese lugar, así que con mi pijama que no es pijama, un pantalón negro y una playera blanca me dormí. 
Al siguiente día, decidí explorar el centro, sólo Jorge se había levantado, así que caminamos, en ratos hablábamos sobre sus viajes, yo en ratos dejaba de pensar en ti. Encontramos una lonchería, desayunamos y seguimos caminando. Era buena compañía, al menos en ese momento Jorge, bueno, en realidad nunca lo dejó de ser. Su novia nos alcanzó en la plaza central, ellos tomaron una ruta distinta, yo tomé otra, un nuevo centro que fomentó Vicente Fox y su esposita. Era interesante ese lugar, pero como cualquier edificación de grandes masas, edificios requetegrandes terminó siendo frío a la vista, regresé a la casa e intente leer, sin muchos avances, me metí a la biblioteca de la casa y encontré algo de Emilio Zola, así que comencé a leer, pero no te ibas de mi cabeza, así que bajé, comí algo y llegaron. Me contaron de sus hallazgos.
Trajeron consigo un tequila y más vino tinto, tomé tinto y platicamos nuevamente, a las 8 me retiré al cuarto, todo lo asociaba a ti, así que me fui al balcón para ver la calle, e inventarme historias, ya sabes de las que me gustan, con todo y fechas de siglos antepasados, fue interesante pero no te ibas de mi cabeza, así que saqué una película pirata que traje conmigo. Es una película que va de la violencia a la ultraviolencia, es una película japonesa, cada vez me convenzo que lo que llega de Japón en forma de película siempre raya en la soledad, la violencia (con muchas escalas), la obsesión, ya sabes de esas que me gustan y me gusta pensarlas alreves, es decir reconocer que las historias que me presentan es una crítica a la forma de vida de esas sociedades orientales que van trastocando los valores de una manera que raya en el vacío, en la experiencia hueca de todo, sólo por el placer, por eso del hedonismo limitado, la búsqueda del placer por el placer.
La película cuenta la historia de una familia común japonesa, que se convierte en una relación totalmente transgresora que termina en la muerte brutal de una protagonista. Puedes verla, bueno, si tienes tiempo, es fuerte pero creo que es interesante porque habla sobre la transgresión. Al comenzar la película llegó Jorge y después su novia, a la mitad de la película llego Lola.
Al terminar la película me invitaron a una cantina, a una que habíamos visto en la mañana. Fui con ellos, tomé tequila, buen tequila debo de decirlo y a las once y media regresé a la casa. Nuevamente me quedé un momento en el balcón, hacia un poco de frío, pero creo que la imaginación hizo tolerable permanecer en el ese lugar. Me puse mi pijama, que no es pijama, y me recosté, di vuelta en el edredón y me quedé dormido.
El domingo repetí la caminata con Jorge, sólo que por otros lugares. Jorge, su pareja y su amiga, saldría de León a las tres de la tarde, así que comimos juntos algo que ellos cocinaron, con más vino tinto. Los despedí hasta la central, el familiar de Federico nos llevó a la central de autobuses y también me regresó a la casa.
Al regresar a la casa, decidí ir al cine. Ahora vi la película: “Después de Lucia”, me dije “¿bueno, la trasgresión me sigue?”, así que la terminé de ver y no pude pensar en otra cosa que en la pelí. Comí algo en el centro comercial al que fui, un pedazo de pizza con refresco, el cual me hizo recordar aquella vez que en plaza Lindavista comimos eso, ¿te acuerdas? Al regresar al centro, pues el cine estaba afuerita del centro. Llegué a la casa y me quedé dormido en la sala, a las dos de la mañana el frio me despertó y me fui a la cama, tarde en conciliar el sueño.
Me desperté temprano, me puse a trabajar en la ponencia de hoy, mientras trabajaba en ella, llegabas a mi mente, con más fuerza, pensando en la culpa y dolor que se produjo en nuestra relación. Salí al patio de lavado y te llamé. Te pregunté si interrumpía, me dijiste que me habías invocado, te dije que era normal, creo que lo normal es que en este proceso en el que andamos nos llamamos a muchas horas, bueno yo lo hago, por llamarnos me refiero a la mente. La penúltima vez que nos vimos recuerdo que días después me llegaban como punzadas en la cabeza, como si alguien o muchos alguien me recordaran, pensé que eras tú, me recordabas, siempre he pensado que me recordabas llorando, y no lo digo con placer, hay una pesadez que no cesa.
Ya no pude decirte que estaba en León, de hecho tenía pensado enviarte un mensaje para comunicarte, pero no sé hasta donde perturbe, hasta donde no… de hecho salí con un poco de nervio de la casa de mis padres, pues me dije, sí me llama, así que dejé dicho que me llamaran si tu llamabas.
Ayer, ya no vi película alguna, termine de revisar mi presentación para hoy. Dormí unas horas, y a las doce con treinta minutos pasó un taxi para recogerme. Salí a la una de la mañana rumbo a la ciudad de México, llegué a las seis con cincuenta minutos del día de hoy. Tomé un café hediondo a café y un pan de dulce. Dieron las ocho y media, aun no llegaba nadie. 

Y conozco mucho de eso...
Sé tener el asombro esencial
Que tendría un niño si al nacer
Se diera cuenta que nació de veras...
Siento que nazco a cada momento
A la eterna novedad del mundo...

Alberto Caeiro
El Guardador de Rebaños

La chica que leía a Dostoievski en ingles


El mediodía se hacía amargo. El bochorno se empecinaba en asaltar mis recuerdos sobre Fidel. Me resistía al pensamiento que un crucero hubiera hundido su barcaza remolcadora en San Diego, California. No he podido enlazar ideas, ¿cómo sucedió? Aunque me lo han contado decenas de veces, sigo preguntándome como una soga sujetó su pantorrilla derecha imposibilitarle salir a flote, el calambre que siguió lo fijo a su muerte. No lo entiendo.

La semana antepasada decidí salir de casa media hora antes de lo común para llegar a mi trabajo. El lugar donde es mi chamba tiene que ver con tubos, mangueras, llaves, coples, regaderas, baños, todo lo que tenga que ver con la plomeria. El autobús paró como era habitual unos minutos en la parada, lo aborde.

En el trayecto dudaba comenzar a desayunar la avena cocida que había hecho en casa. Mientras veía ese horrendo paisaje de casa dispersas, bardas desnudas o con propaganda de todo tipo de grupos que iban desde metal hasta huapango, pastos crecidos por las fuertes lluvias, tiendas de todo tipo: construcción, abarrotes, verdulerias, fruterias, tiendas de conveniencia, todo ese paisaje que me indica que estoy en una zona metropolitana donde la construcción y la especulación mobiliaria son una presión para el suelo agrícola.

Diez minutos después el autobús paró nuevamente. Yo trataba de esquivar mis pensamientos de Fidel, pero no lo lograba. Entonces gire la cabeza hacia el pasillo donde caminabas tu. Tu cabello castaño ensortijado me atrajo sobre manera, quizás viéndote como idiota me quede absorto, cambiaste la mirada hacia la ventana. Hice lo propio. Recogí mi mochila del asiento contiguo para que que pudieras sentarte, inclinaste la cabeza, lo tomé como un gracias, rápidamente sacaste un libro grueso. Mientras trataba de visualizar el título vi tus negros mayones que cubrían tus lindas piernas, usabas botas de esas que usa la juventud hipster. Vi el encabezado de tus paginas color amarillento: Crime and Punishment.

¿Quién puede leer a Dostoiesvky en ingles?
"Lo que sé de mi nacimiento ha llegado hasta mí por tradición oral, así que podría ser falso" Julian Herbert

Barranca Blanca

Esta mañana se vuelve tersa. La ciudad que me trastorna se eleva al norte, con sus vientos gélidos y sus humanos vestidos con largas chamarras atestiguando el descenso de temperatura. Sus calles, sus recodos tristes, su gente oculta en sus casas. Eso es la lejana Pachuca. Me reconozco absorto en mi adolescencia, vienen a mi esas calles que conocí, terregosas, olvidadas de todos menos de mi ingenuidad, esas calles que son parte de la desesperanza.

Irremediablemente llega a mi cabeza Barranca Blanca. Ese nombre tan hermoso estaba dado a una carcava amarillenta franqueada por bardas con colores horrendos, bardas cayéndose. Barranca Blanca. ¿Por qué un nombre tan bello para una zanja erosionada en las orillas de Pachuca. Aún recuerdo esa cavidad tornasol a mediodía. Me preguntaba ¿por qué no callé triste?, ¿o surco ondo? Por qué no se le nombraba con algo digno de esa periferia cuarteada por el viento y el sol.

No aparece en mapa alguno. Vuelvo a revisar los mapas, la salida a Actopan luce tenue, sin marca de Barranca Blanca. Busco, busco, no aparece, mapas del siglo XVIII, 1855, 1864, 1890, 1920, 1924, no aparece. Me pregunto si Barranca Blanca no es producto de mi necedad básica, de esa caracterización de la memoria que a fuerza de repetir se vuelve real.

Ahora que reflexiono, me pregunto si tendrá algo que ver San Bartolo, sí ese pueblito que tiene en su centro un espacio donde se desarrollaban jaripeos, esos espacios que estaban en los pueblos de indios para diversión de la plebe, dicen los textos. Barranca Blanca quizás fue esa frontera que alguna vez fue, la hermosa linea que cortaba la lejana Pachuca con las calles desplomándose de aquel viejo asentamiento. San Bartolo está atrás del centro de readaptación social para menores, en el pie de monte del cerro de San Cristobal, ahí está, olvidado, orillado.

¿Barranca Blanca alguna vez fue hermosa? Me pregunto mientras recuerdo que ahora hay una horrenda calle, tan común a todas las que se encuentran en esa pendiente de la colonia Morelos esquina con mi adolescencia adolorida. Llega a mi memoria, el buen Alfredo, aquel compañero que vivía en el Valle del Mezquital, ahí tomaba su transporte para llegar a su casa. ¿Barranca Blanca habrá sido invención de Alfredo?

lunes, 10 de marzo de 2014

Llevate la Historia... Real de Catorce



Displicencias




Con el viento llega tu recuerdo. Aparecen en destiempo los sonidos vagos que ahora no son nuestros. Veo las mañanas cobijadas de ruido, cisaña y dolor. Los momentos han sido alterados por el desempleo y avenidas con nombres de políticos corruptos del Estado de México. Veo un paisaje urbano que duele porque no es deseable. Me descubro en un estrecho espacio donde paso hasta dos horas para llegar a un lugar donde la degradación y la mala paga son la constante.

Inclino mi cabeza diciéndome que es temporal, me arrebato con ese dolor enhiesto que es la depauperación de los días. Vienen a mi nuevamente esas imágenes, en ellas está la violencia y el paso de las horas amargas, el sol de primavera que llega y tu no te has ido. Están esas calles transitadas con todo tipo de automotores, está el sol golpeando todo los días, están los días nublados acorazando todo buen deseo en mi infortunio.

También llegan esas imágenes, está ahí, con su torso mojado, desnudo, sucumbo y no quiero pensar más ante lo que viene. Con todo y eso, sigues sonriendo, siendo linda. Me entretengo pensando en mis presiones, en mis sueño que se agotan sin dilaciones. Llegas a mi mente, succionas las horas, eres ausencia, me digo, sigo ensimismando con horas bufonescas que mi gato no tiene la intención de borrar.  

Apuntes sobre la Sierra de Guadalupe

  I   Las palabras se han quedado vacías, con esta humedad elevada, esta periferia que rezuma melancolía.   La lluvias se muestran atípicas,...