sábado, 28 de diciembre de 2013


Las horas deslumbrantes

El invierno llega con sus cargas gélidas y sus brazos invocando todos los recuerdos. Así llegas, a deshoras, con sendos retazos de un pasado, colgado en ese patio con su Virgen de Guadalupe. Ese jardín que siempre luce nublado, con los muchos automóviles de alguien, esas viejas construcciones del siglo XVIII. La tarde se encrespa con tu recuerdo, ahora con tu cáncer sanguíneo. Tus palabras se van enredando en todas mis aclaraciones. En los días que se agolparon en la ciudad del viento.

Así llegas, como este invierno que descansa en un frente frío. Tu dulce piel te guarda del viento, ese que siempre es frío, ese que viene de la sierra húmeda y fría como mi recuerdo. ¿Recuerdas como juntabas las palabras? Era como para no entenderte, como para resbalar en la confusión que creamos a raudales. Entre un otoño ventoso y un invierno nunca racionalizado, cobijamos la armoniosa fantasía de estar siempre presentes.

Otro día llegó. Esperé como siempre diez o veinte minutos, llegaste acelerada, saludándome, con tu calor enmohecido, diciéndome: no, nunca nos veríamos más. Colgaste tus brazos en mi cuello. Te fuiste volteando, siempre volteando te fuiste. Ahora, ahora que estas lejos, lejos, lejos, el invierno gélido que te cubre, no es parte del recuerdo. Tu estancia en mi ciudad fue la perdida que vuelve ausencia, huida magistral de lo oculto, no de la magia, es parte de la imposible claridad, con nuestras dudas, con nuestras ansias que ahora se prolongan en diferentes latitudes.

Switchblade Symphony - Wrecking Yard




Quiero creer que todos los regresos son humanizados.

domingo, 24 de marzo de 2013

Fragmento



Oscurecía a las 4:30 a  esa hora en que la ciudad se colapsaba con largas filas de autobuses. La pequeña ciudad se achicaba con el intenso movimiento de autobuses rojos que se llenaban de gente cansada. En ese extraño bullicio todos corrían a su autobús o coche para continuar con sus actividades ajetreadas, de la tarde que ya era noche. En tan temprana hora estaba oscurecido el día.

Era el momento del tsunami, burócratas que salían de todas partes de la ciudad. La ciudad que fue bella en verano se colapsaba con el amplio movimiento, era la tarde que se hacía noche. Olas de  mujeres y hombres, aparecían por todos lados de la ruta para seguír a casa. En ese paisaje de puentes, rascacielos y algunos techos nevados se reventaban los días, los gélidos días que no eran tuyos.  

El frío pegaba por debajo de los -20°C, era difícil que te detuvieras, pues se perdía el calor que estabas generando, tenías que mantenerte moviéndote, esquivando cuerpos envueltos en sus amplios abrigos ergonómicos. En un primer momento no diferenciabas las temperaturas, para ti todo era frío, extremo frío que se anticipaba a una cena incompleta. De hecho jamás respetaste el orden de las comidas, en un  lejano lugar que no era ni significativamente tuyo.



Apuntes sobre la Sierra de Guadalupe

  I   Las palabras se han quedado vacías, con esta humedad elevada, esta periferia que rezuma melancolía.   La lluvias se muestran atípicas,...