Jay-jay Johanson Believe in us
Vivimos en un espacio concreto, donde el tiempo determina cualidades de cada lugar. Pienso desde aquí, me contextualiza el mundo.
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lunes, 30 de diciembre de 2013
sábado, 28 de diciembre de 2013
Las horas deslumbrantes
El invierno llega con sus
cargas gélidas y sus brazos invocando todos los recuerdos. Así
llegas, a deshoras, con sendos retazos de un pasado, colgado en ese
patio con su Virgen de Guadalupe. Ese jardín que siempre luce
nublado, con los muchos automóviles de alguien, esas viejas
construcciones del siglo XVIII. La tarde se encrespa con tu recuerdo,
ahora con tu cáncer sanguíneo. Tus palabras se van enredando en
todas mis aclaraciones. En los días que se agolparon en la ciudad
del viento.
Así llegas, como este
invierno que descansa en un frente frío. Tu dulce piel te guarda del
viento, ese que siempre es frío, ese que viene de la sierra húmeda
y fría como mi recuerdo. ¿Recuerdas como juntabas las palabras? Era
como para no entenderte, como para resbalar en la confusión que
creamos a raudales. Entre un otoño ventoso y un invierno nunca
racionalizado, cobijamos la armoniosa fantasía de estar siempre
presentes.
Otro día llegó. Esperé
como siempre diez o veinte minutos, llegaste acelerada, saludándome,
con tu calor enmohecido, diciéndome: no, nunca nos veríamos más.
Colgaste tus brazos en mi cuello. Te fuiste volteando, siempre
volteando te fuiste. Ahora, ahora que estas lejos, lejos, lejos, el
invierno gélido que te cubre, no es parte del recuerdo. Tu estancia
en mi ciudad fue la perdida que vuelve ausencia, huida magistral de
lo oculto, no de la magia, es parte de la imposible claridad, con
nuestras dudas, con nuestras ansias que ahora se prolongan en
diferentes latitudes.
domingo, 24 de marzo de 2013
Fragmento
Oscurecía a las 4:30 a
esa hora en que la ciudad se colapsaba con largas filas de autobuses. La
pequeña ciudad se achicaba con el intenso movimiento de autobuses rojos que se
llenaban de gente cansada. En ese extraño bullicio todos corrían a su autobús o
coche para continuar con sus actividades ajetreadas, de la tarde que ya era
noche. En tan temprana hora estaba oscurecido el día.
Era el momento del tsunami, burócratas que salían de todas
partes de la ciudad. La ciudad que fue bella en verano se colapsaba con el
amplio movimiento, era la tarde que se hacía noche. Olas de mujeres y hombres, aparecían por todos lados
de la ruta para seguír a casa. En ese paisaje de puentes, rascacielos y algunos
techos nevados se reventaban los días, los gélidos días que no eran tuyos.
El frío pegaba por debajo de los -20°C, era difícil que te
detuvieras, pues se perdía el calor que estabas generando, tenías que
mantenerte moviéndote, esquivando cuerpos envueltos en sus amplios abrigos
ergonómicos. En un primer momento no diferenciabas las temperaturas, para ti
todo era frío, extremo frío que se anticipaba a una cena incompleta. De hecho
jamás respetaste el orden de las comidas, en un
lejano lugar que no era ni significativamente tuyo.
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