sábado, 25 de enero de 2020

Presente




Con las modificaciones por presente
se antojan las horas de sueños
que siempre fueron decentes.

Con esta bruma que cruza mis dedos,
nombro las fantasías azuladas con garzas animadas,
lirios surcando el tiempo a través de tus hombros.

Estás aquí, sin nombrarte
apareces presente, tersa, mitómana
para decir del clima y sus presiones abismales.

¿Cómo decirte de estos cielos que cruzan las penas?
Ensalzar las mañana que se antojan fármacos
usurpar los nidos de tifoideas que no son nuestras.

Qué charada es esta, único temor del señor;
cuál labio moverás al principio
de esta mirada miope.

Pero no te marches, ilumina las entrañas,
cubre este color turquesa envolviendo mis brazos
alardeando de tanto sol, conmovido de arañazos.


25, enero, 2020
CDMX



El comandante


El comandante

Después de todas las luchas sociales que hubo en centroamérica, se determinó controlar el “semillero revolucionario”, me refiero a las universidades en esta región del mundo. La universidad estaba controlada por un militar, todos le llamaban el comandante. Para mí no solo era curioso, era desproporcionado, era un gesto de control en la profesionalización de un país que siempre ha tenido altibajos, más bajos que altos en la formación de sus profesionales.

Parecería que el comandante tenía el control de los recursos mínimos de la universidad. Pero las partes académicas, por supuesto, la universidad tenía un cuerpo de especialistas que dicen, solo dicen, que fueron los espías intelectuales durante los diversos golpes de estado que se habían sucedido en el país. En general, la universidad contaba con muy pocos recursos, algunos de ellos se concentraban en el pago de su personal, pequeño pero se mantenía funcionando. Incluso, una gran cantidad de proyectos se llevaban a cabo por medio de donaciones de empresas transnacionales y familias adineradas desde tiempo inmemoriales, algo común en este país. El nombre de intereses bien definidos estaba delimitado de tal manera que, al menos en la universidad, todo estaba orientado al comandante.

Recuerdo que la primera ocasión, a mi llegada a la universidad, fui recibida por una corte militar. Para mí era incomprensible que pasaba, entonces, entendí los chistes de mis compañeros de trabajo. Los cuales eran irreverentes y poco sensibles ante la situación de la institución. Pero me fui adaptando, aunque tenía carta libre en la enseñanza, no pasaba de una llamada de atención, de acuerdo al primer compañero que llegó. De hecho la tensión entre nuestras instituciones se puso el máximo de tensión en una relación de intereses bastante diversa. Pero se resolvió, con algunas disculpas y la aclaración que la libre cátedra estaba dada para nuestros profesores, pero cuando enviaban investigadores se les advertía, no pasaba nada, pero las tensiones siempre predominaban.

El primer contacto entre nuestras instituciones se dio por un correo electrónico, posteriormente la llamada entre los directivos correspondientes, la universidad de Honduras se contacto con mi centro de estudios, para negociar las condiciones de los cursos. Estos cursos se impartían desde hacía más de seis años, cursos intensivos cada seis meses. Cuando regresaba, veía personal nuevo, solo el comandante y su corte siempre estaba presente. El pensar que estaba en una zona militarizada siempre me puso a pensar qué seguíamos en guerra. Incluso tenían espías en el salón de clases.

El comandante, conductor del conocimiento calificado y práctico en este país, tenía sus maneras de contactarse con el mundo. Se dice, que tenía al menos una pareja en diferentes regiones del país. Por ejemplo, está la jovencita que vivía en Tela, cerca de la costa. Es un rumor extendido sobre su robo en la frontera sur, incluso durante algún tiempo se le asoció con un banda de delincuentes que controlaban la región. Cuando subió de rango, la banda desapareció, por lo cual se le condecoró con honores.

Fue cuando, casi al año, se le premió por acción tan valerosa, como acabar con una banda criminal en su región natal. Se le envío a un curso apresurado a la Escuela Real Militar de Honduras, donde se graduó con honores en “Tácticas militares y salvamento civil”. Después se le derivó a varios puntos de la frontera Norte, siempre caliente en los tiempos de la Guerrilla Colombiana, justo cuando obtuvo como premio estudios de posgrado en Estados Unidos, se desató un escándalo de trafico de estupefacientes en la frontera norte. El comandante, tenía un suerte de prestidigitador de pueblo, salía cuando todo estaba en su contra.

Cuando estaban por cambiar al rector de la Universidad, cargo que por momentos parecían inamovibles. En aquel momento se barajearon diversos nombres, querían a una persona seria, que tuviera capacidad de interactuar con académicos, y que en el deambular de la milicia, tuviera algunos estudios en el extranjero, quizás para adornar la máxima casa de estudios del país. Fue entonces que el comandante salió de una terna, todos ellos provenían de estudios realizado en la escuela militar West Point de Estados Unidos de América, sí, ahí mismo donde Whitman realizó sus estudios, pero el comandante no escribió Hojas de hierba. Se dice que tenía un poemario que escribió a la mujer que más amó en la vida, pero su lírica no siempre fue bien vista en las bajas capas literarias.

Aldo

Aldo de la Rosa Ruvalcaba Provenía de una familia de clasemedia, su progenie había sobrevivido desde la Honduras colonial hasta la actualidad. De alguna manera en épocas de grandes riesgos, la familia lograba sobrevivir cada régimen, no importaba cuan rígidos y complicados se mostraran. Su talante intelectual y siempre de centro les permitió pasar por muchas etapas desconcertantes de la política de su país, siempre llena de asegunes, de dictadorzuelos, caciques asesinos, intervención de grandes empresas y la siempre presente presencia norteamericana.

Pasaba algo muy interesante, la familia de Aldo siempre se mantuvo muy estable. La descendencia familiar siempre se mantuvo con una hija e hijo, eso no vario desde la llegada de los primero encomenderos a lo que actualmente es Honduras. Se dice que fue la maldición de la india Accpuc que le consignó a la mujer de Pedro Ruvalcaba. El mito de la tatatarabuela embrujada surge desde las costas de Puerto Caballos.

El tal Pedro Ruvalcaba venía de Extremadura, de aquel desierto salvaje que dio una cantidad inmisericorde de aventureros castellano a América, desembarcó con Gil Gonzalez Dávila el primer colonizador salvaje que entró a espada desenvainada luchando más con la selva que con los mayas. Se dice que la selva los embrujó, no se sabe, con certeza, Gonzalez murio como todos esos ambiciosos colonizadores, muerto por una traición de sus degenerados congéneres.

Mi tatatatatatarabuela provenía de las vazcongadas, no me pregunten cuál fue el torcido negocio entre el señor Pedro y la familia de Maria de los Ángeles Aizpuru, un don nadie de la Etremadura. Lo cierto es que en el viaje de Puerto de Palos punto de encuentro para la futura pareja y la sempieterna familia en las Honduras sería cárcel de todos nosotros. El día que la tatatatatatatabuela pisí puerto caballos, un extraño mar de fondo comenzó a sentirse, se dice que fue todo caos en el puerto ese día.

Con sumo cuidado lograron bajar mercancías de todo tipo de las embarcaciones que acudieron esos días a puerto. Ya en la posada, tuvo el encuentro de los nunca enamorados, pero sí casquivanos esposos. La maldición viene de la posada El Embrujo del Caribe. La noche se tornaba oscura, después del encuentro de los futuros esposos, por supuesto el señor Rubalcava se instalo en otra posada para evitar murmuraciones. Con la distancia de por medio, decidieron dormir cada uno en sus aposentos. Sin embargo, esa noche, dice la leyenda familiar, algo extraño sucedió.

Ambos, sonámbulos se encontraron en el puerto, totalmente dormidos, una gran ola rompiendo a lo lejos mostró en su ceno la imagen de una mujer maya que en sus brazos mantenía a un niño con su entrepierna totalmente sangrante. La rompiente hizo despertar de su estado sonámbulo a los futuros esposos. Doña María sin pensarlo se echo a los pies de su futuro señor, aterrada. Las tres noches que pasaron en Puerto Caballos sucedieron cosas muy peculiares, la gente estaba preocupada, consternada, superticiosos como siempre han sido esas gentes del pasado, esperaban se desencadenará la furia de Dios.

La segunda noche, sonámbulos llegaron a la selva, descalzos, la historia oficial dice que un jaguar en forma de mujer llegó a hablarle en uno de los tantos dialectos mayas. El animal salió disparado, huyendo de sí mismo. Esa noche, nadie los despertó, eso sí, los pies estaban sucio y los de Doña Maria lastimados. La mañana los descubrió en sus propias posadas, pero con el recuerdo del sueño anterior, que no conversarían hasta después de dos años de casados, extraño para su época, esta pareja de infieles mantenían una comunicación que incluso los miembros del colectivo LBTTTGI quisiera dentro de sus consignas libertarias.

*

Recuerdo que tenía una mancha bajo su ombligo, un perfecto triángulo que hacia base en su monte de venus. Sin lugar a dudas eso era una señal. Puede observar su mancha cuando me despedía de ella en el aeropuerto de Tegucigalpa. Fue entonces cuando mis esfuerzos se encaminaron a romper el hechizo que hace cerca de 500 años se ha mantenido en mi familia.

Sin aviso, llegó a una de las estancias que realizaba en la universidad, me encontraba en Trojes, poblado en la frontera sur, Nicaragua del otro lado. En verdad ya había pasado mi tiempo para estar ahí, mi trabajo de campo había terminado, pero esta obsesión por encontrar mujeres que acabaran con la maldición familiar, había hecho que terminará con una colega brasileña que poseía en ambas nalgas perfectos lunares, los cuáles los asocie con el fin de toda esta carga familiar.

Sin embargo, cuando le conté la historia de la tragedia familiar, le dió por correr de mi vida. Aquellos días en que la Dr. Minerva regresó fueron de lo más complicado, porque a mis 40 años sentía algo más que carnal, pero debo de advertir, que cogíamos con tal furor, que sentíamos el mundo se acababa y la maldición no pararía. Por lo que aquella anchas nalgas, y su tupido monte venus tan solo me encaminaron a uno de los duelos más degenerados de los que puede haber pasado.

Pero me disculpo, lector, lectora, pero Nélida, mi amada de nalgas totalmente golpeables me había dejado. Trojes en aquel momento era mi refugio, así como mi huída ante tanta desolación, planes juntos y el rompimiento del hechizo postergado. Desapareció de la faz de la Tierra, le busque por todos lo medios digitales que tenía disponible, pero no logré encontrarle. Estaba por volar a Minas Gerais de donde era mi amada Nélida, cuando recibí una llamada, “no me busques, estoy casada desde hace años”. El mundo se me volcó en tragedia, pedí los días de descanso que desde hacía años nunca me había dado, así que me dirigí al Darien, dónde más, ese mismo espacio de Ruben Darío que gracias a la propia naturaleza no han pavimentado o creado una forma de transportación que agoten recursos, acaben con manglares, reconozcan como zona petrolera, en fin…

Del Darien no quiero hablar, solo sé que Bernardo al octavo día de aguardiente del fuerte, me tuvo en la choza cercana a los cocodrilares. Rodeado de chamanes curaban el ansia de muerte prematura. Fueron días despiadados, los chamanes me ayudaron a entender algo, mi maldición no acababa con la concepción de hijo e hija, los abuelos habían terminado todos en las garras de familiares de Gil Gonzalez Dávila dispersos por todo el mundo. Por medio de sueños se fue construyendo el final del abuelo Zamudio que conocí de su muerte por mis propios ojos; del bisabuelo Rolando, muerto en manos de un fanático de la derecha popular, fotografía que el abue zamu mantenía en su cartera. “Cuida de no morir así, en este país de entregas populares” me mostraba su fotografía y veía el horizonte, rumbo a Puerto Caballos, allá donde arribo María Mercedes Acosta, esposada con Pedro Ruvalcaba. Cabe decir que el abue zamu estuvo por poco de mandar a toda la familia de viaje por el gobierno en turno al Darien pero bien muertos, ha sido dentro de la familia la persona más crítica e integra que a leyenda familiar pueda recordar.


Fragmento: "Intimidad pospuesta"
Enero, 2020






Viaje a centroamérica


Una forma de comunicarme contigo,
es escribiéndome.


El espacio tenía mayor número de precariedades. Contábamos con excusados viejos, limpios sí, pero muy viejos. La humedad de Honduras los hacía mohosos, con un aroma muy peculiar, en extremo los aromas fluían como una emanación ardiente, como ventosas cálidas que se plagaban a las orillas de los arboles, con ese verde sempiterno. Definía cada aroma que surgía de las calles, había estado en lugares húmedos, pero como aquí ninguno. El aire acondicionado siempre presente, era una pesadilla para las personas que viajábamos de zonas templadas, donde solo en inviernos crudos necesitamos esto artilugios.

Entiendo que todos los centros escolares y de investigación son diferentes, incluso donde yo trabajo. Incluso, cuenta la leyenda que se fundó en el lecho de muerte de la madre del un director, este y otros relatos me hacen pensar que son harto diferentes. Pero acá, la cosa es más diferente. Las propias condiciones del país eran complicadas, aquí parecía que no se apostaba a la educación como un bien necesario para desarrollar el país o al menos, en esta universidad no lo parecía.

Esta era la quinta que vez que pisaba Honduras. La primera me llenó de satisfacción, era el primer país que visitaba por el trabajo de investigadora. Mi centro de estudios tenía relación con la universidad de Honduras, como nadie de mi centro de estudios quería visitar ese país, por diversos motivos que rayaban en la comodidad, enviaron a la más joven de sus contratadas. Seguro que pocas defensas tendría para decir “no”. Es decir: yo, la Dr. Minerva Liega Marquez.

En un principio, como lo comentaba, el entusiasmo era impecable, trataba de lucir lo mejor con mis clases que impartía, cuatro días corridos de la semana. Con el correr del tiempo, entendí que mi ingenuidad era enorme, y los colmillos de mis compañeros para endilgarme una responsabilidad que no sabían a quién colocar tuvieron sus frutos conmigo. Así qué, sin ser especialista en el estudio del paisaje me enviaban a la tripa de America Latina, es decir centroamérica.

Llegué a Honduras por una obligatoria cláusula en el Organismo Nacional de Investigación de mi país. Mantener el nombramiento de investigadora “A”, de los cinco niveles que había, era de una carga sobrenatural que hacía despeñarse a una cantidad increíble de investigadores. Por lo cuál al recibir mi nombramiento puse en marcha un plan exaustivo de tiempos que implicaba exigir más tiempo a Danilo, al grado que el niño se quedó a vivir con él, durante los veinte días de mi estancia en la doliente Honduras, la hermosamente bella.

Aparte de realizar no sé cuantos artículos, capítulos, asesorar estudiantes, organizar grupos de investigación, crear coloquios, mesas redondas, ser sínodo, etcétera, etcétera, etcétera… tenía que realizar estancias en otras instituciones. La universidad de Honduras me acogió, en realidad los tramites fueron sencillos, con sus asegunes, pero rápidos pensando en la burocracia de la universidad, en mi centro de estudios todo era rápido, por su tamaño pero, también por nuestra super secretaria que no solo era hábil, era extremadamente rápida para todo, incluso para tener hijos, pero eso no se los contaré ahora.

Preparativos de viaje

Aldo era maestro de tiempo completo “C” en la universidad de Honduras. Lo descubrí coqueteándome en mi segunda visita al país. Comimos, hablamos de muchos chismes de nuestros respectivos lugares de trabajo. Pero algo me prendó de él, sus labios carnosos, tenían algo sensual que no podía resistir, recuerdo que la tercera ocasión que volé a Honduras, se acomidió a llevarme al aeropuerto, al despedirnos me beso muy cerca de mi comisura derecha, me guiñó el ojo, diciéndome “vuelve pronto”. Pero cuando regresé, él estaba en la frontera con Nicaragua en prácticas de campo, o algo similar.

En este mi primer fin de semana en Honduras, decidí salir a la playa. Hacia veinte años realizamos un viaje por centroamérica, una de las rutas que evitamos fueron las playas, viajaba principalmente con antropólogos, románticos estudiantes que querían saber sobre los mayas, trazamos una ruta que nos llevó al interior de la tripa de latinoamérica. Por lo que fue el momento para visitar las costas, donde invité a Aldo. El sábado al salir del aula donde impartía el curso sobre “Territorio y sus usos culturales”.

Levantó la mano en afán de saludo. Saludé. Vestía una playera oscura y unos shorts caqui, cruzamos algunas ideas y subimos a su carro. Saliendo de Ciudad Universitaria llegamos al hotel donde me hospedaba, le pedí que me ayudará a encontrar mi anillo de casada que se había resbalado por el lavamanos. Así que ni tardo ni perezoso subió. Mientras yo organizaba la maleta, él hizo la habilidad de fontanero para sacar el anillo, obviamente lo sacó muy sucio. Lo enjuagué y lo puse en mi alajero. Coloqué mis cosas cercanas a la puerta.

Aldo se quedó mirando por el balcón. La vista era ordinaria, lo que a mi sorprendía era la cantidad de vegetación que había entre las calles, entre las casas, pero eso sí, al posar la mirada sobre un cerro al suroeste se vislumbraba casas, y calles en un desorden diferente al resto del valle. Me apoyé en el barandal color café. “¿Te gustá?”, refiriéndose al paisaje, algo le comenté, se me quedó mirando con una ausencia y vaguedad en sus ojos que no acerté a nombrar. Algo pasó, que le miré sus labios, quizás esa vaguedad nos hizo concentrarnos en nada. Chocaron nuestros labios, le pude morder suavemente esos músculos que sabían a humedad, intensidad y yuca.


Fragmento: "Intimidad pospuesta"
Enero, 2020



Apuntes sobre la Sierra de Guadalupe

  I   Las palabras se han quedado vacías, con esta humedad elevada, esta periferia que rezuma melancolía.   La lluvias se muestran atípicas,...