domingo, 25 de diciembre de 2011

Día vacante...


Mañana sincopada,
Allá algunos  rayos fatigados
Acá algo de mucha tristeza.
Hay brillos sesgados:
Pasmos de bruma omnipresente.

Estos trigales con sus montañas
Se van adentrando a mis hinojos
Claros resplandores ciegos
Ofreciendo sus esplendores.

Mañana ciega
Con entuertos de continente,
Enhebrada sobre la consigna de la fuga
Crujiendo el suelo se va alejando
Trepidando
                Trepidando
                               Trepidando…

Se han cobijado mis sentidos
En una noche ensalivada
Surgida del éter
Plagiada de heridas discontinuas.

Sal de mar
En este sol adverso
Calmo infiernillo anquilosado,
Calmo otoño convulso.

viernes, 25 de noviembre de 2011

De Efren Rebolledo...


Santa Teresa
 
El misticismo de la celda: brilla
En la sombra el reflejo de la lámpara,
Oscilando como una moribunda
Pupila que se estrecha y se dilata.
Qué tristeza en la llama que agoniza,
Qué blancas las paredes de la estancia,
Qué implacable silencio de sepulcro
En la indecisa claridad. La Santa
Reposa sobre el lecho inmaculado,
El lecho que se eleva como un ara
En uno de los ángulos sombríos;
Por su frente que han hecho mustia y pálida
Tanta meditación y tanto ayuno
Corre el sudor en transparentes lágrimas;
Sus ojos siempre abiertos por el éxtasis
Se entornan abatiendo sus pestañas;
En sus labios enjutos y apacibles
Perfumados con mirras de plegarias
Se despiertan los besos voluptuosos,
Y sus brazos, más blancos que las sábanas,
Queriendo rodear algo invisible,
Se retuercen, se agitan y se enlazan.
Sueña: sueña que el Cristo macilento,
El cuerpo exangüe y celestial que ama,
Sonríe tras su mueca de amargura,
Que sus frescas heridas se restañan
Y sus lívidos miembros se coloran
Y se cierran las bocas de sus llagas;
Sueña que su mirada se ilumina
Y del madero ignominioso baja
Más radiante que un ángel y más bello
Al lecho que se eleva como un ara,
Y que mezclan y juntan sus alientos
Y que sus cuerpos vírgenes se enlazan,
Y que en un beso trémulo y sonoro
Se confunden sus bocas invioladas.
De Cuarzos

lunes, 21 de noviembre de 2011

…(Estudios -en pasado-)…

La  noche fría
(Fragmento)



A Jorge

Las páginas en blanco siempre fueron tú terror, le contabas a Fanny. Pronto abordaron otro tema. Ella te habló sobre sus obsesiones infantiles, escuchaste. Fanny se echó su bufanda hacia atrás, le recordaste con sus rodillas sangrantes y sus lágrimas rodando por sus pómulos, cuando tenía acaso seis años. Aquella vez que la viste completa, casi al borde del “hacer algo” te vienen a la mente los recuerdos de su fragilidad corporal. “Y cómo vas con tus trámites para África”, le preguntaste. El segundo tarro de cerveza oscura llegó.
                Le espetabas su afición por esa cantina en el centro. Siempre te quejabas por su cerveza agría: “está quemada esta madre”, que ella la anteponia a su botana curtida en vinagre, “me encantan los ajos de este lugar”, decía Fanny. Obviamente le reprochabas lo absurdo, bien pudiste comprarlos y llevarlos a la cantina esa de la Condesa que te encantaba por su cerveza artesanal. Ella se resistia a visitar la Condesa, te argumentaba sobre su presente posmoderno, sus frívolos comercios con altos costos y la gente joven que se sentía exquisita, “me cagas con tus lugares snob´s”. Le propusiste que comprara sus encurtidos y  tú compraras la cerveza artesanal para engullirlos en el Parque Hundido, “no me parece mala idea, sólo que ese pinche parque es peligrosa desde las seis de la tarde –con horario de verano-“ te dice ella tan segura de sí misma.
                Ella te hablaba sobre las próximas noticias de África. Siempre pensaste que era una estupidez viajar hasta aquel lado del mundo para vivir la filantropía, o lo que fuera aquello que tuviera relación con el descubrimiento de la miseria en el continente negro. Jamás se lo cuestionaste frente a frente, esa era una libertad que nunca tomaste con ella. Su amistad estaba en un plano trascendente, las decisiones tomadas correspondían a cada uno, las decisiones que cada quien tomaba no están a disposición del voto mayoritario.
                Mientras regresaban al tema de los ajos y las cervezas llegó lola. Te saludó efusivamente, “satán”, te dijo lola, como desde aquella ocasión que fuiste a despertarlas al departamento de Fanny. Saludó a Fanny, y antes que llegara la primera cerveza,  lola les contó sobre su agenda en la ciudad de  Mérida. Fanny no dejó de mirarla. Tú la observaste, sus gesticulaciones estaban íntimamente ligadas a sus expresiones gramaticales, las cuales te parecian perfectas, de hecho cuando utilizaba algún modismo, parecía que fuera de su propia creación.
                Lola les comentó que sólo estaría un momento. La esperaban al otro lado de la ciudad, allá por el sur. Alberta, su pareja, montaba su octava exposición de pintura. A lola no le gustaban las cuestiones protocolarias de inauguración, así que saltaría ese conocido ritual para llegar noche a la casa, allá por el sur. Conversaron un momento más, toto el gato retraído de lola, se enfermó de sus vías urinarias, ya estaba todo bajo control, él corría por las mañana en su espacio habitacional. Lola se despidió. Más arrumacos. Se fué.
                “Pinche vieja ¿por qué me engañó?” te pregunta Fanny. Le respondiste lo que ya sabían, le hablaste sobre el pasado de lola, su terrible afán por seducir, su obsesión por la pintura  y todas las cosas que dejó a medias. Tú sabias que Fanny figuró como una de las tantas parejas de lola, pero sabias que tú amiga jamás la vio así. Fanny aún echaba chispas en su mirada cuando hablaban de aquel amor de su vida.
                “Guey, ¿por qué no hay música interesante en este pinche congal de cerveza agria?”, le preguntaste a Fanny. Ella levantó sus hombros. Decidieron partir al norte, allá a la sierra, sí aunque sea al borde de la sierra. Tú pensaste que era una buena decisión. Pagan la cuenta, Fanny pide una dotación de ajos en escabeche, mientras corre el video de Henry Lee en las pantallas extraplanas. Esperarón, golpeaban con sus dedos la pequeña mesa de aquella cantina en espera del recibo de consumo.
                Ya afuera, buscaron tú automóvil que quedó por Isabela Católica. Ya estaba ahí el franelero, siempre puntual con su presencia para recibir el pago, platicaste con él. “¿No le pediste su número de celular guey? ¡Vámonos ya!”. En cuanto tomaronn el Eje Central sonó Sugar hiccup de Cocteau Twins.  Muchos mariachis. Algunos invadiendo el segundo o tercer carril. Tomaste la lateral de insurgentes.  Hicieron una parada por más cervezas. Antes de subir por la Sierra de Guadalupe ya sonaba Pearly-Dewdrops' Drops.
 Tanto tú como Fanny recuerdan las largas horas en la casa de su abuelo, allá por la calle de Observatorio, gustaban trepar por Juan C. Doria. Para llegar del callejón a la casa de su abuelo pasaban por cuartos desbastados, con terrazas sucesivas y llegaban a aquel edificio de tres pisos extranjero en aquel paisaje barrial. Ya en la casa donde vivía su abuelo se tiraban en el sofá, veían el televisor, escuchaban música. A partir de aquellos años compartieron música, mucha música lo que les permitió ser unos melómanos contestaríos.
“Te acuerdas de esa”, suena Pink Orange Red, Fanny se acomodó en el sillón, mientras vieron pasar por sus ojos camiones-gruas, pipas e infinidad de equipo pesado para construcción. Recordaste los fríos días en la sórdida Pachuca, el alcoholismo de tú padre, el divorcio tardío de tu madre, tú huida de la ciudad  tan mortífera como tú estancia en Argentina. “¿Te acuerda de la cloca?” te sacó de tus recuerdos Fanny, “pues nada que anda en Santiago de Chile”. Hablan de aquella chica bajita que les conseguía los churros de mota con los guaruras de su papá. Se burlaron incansablemente de ella, se enamoró la cloca de un corredor de bienes raíces en el sur, allá.
Evitaron pasar por el centro de la ciudad, recorrieron su amplia orilla, llegaron a Pachuca al filo de la medianoche. “Sigue sin gustarte pachuz”, te pregunta Fanny. De pronto ella se responde que no tiene nada de bonito, “sigue siendo un rancho”. Del tema de la ciudad pasan a tú familia, a su familia y antes que terminara la canción Heaven or Las Vegas ya estabas tomando una curva y otra más. “Adelante está la desviación”, te dijo ella.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La entrevista...

Malik Sidibé: fotógrafo
(Não consigo encontrar o fonte)

Você pode nos contar sobre sua infância?
Eu nasci a 300 km da capital. Eu era uma criança camponesa que criava animais. Porque de onde eu venho, eles dizem que se você criar animais você é um bom camponês, porque os animais fornecem adubo orgânico bom.
Assim, desde aproximadamente 1940, 1942, comecei a pastorear. A partir da idade de 5 ou 6 você pode conduzir os animais do rebanho. Eu era um pastor antes de tudo. Meu pai tinha um monte de ovelhas, ou melhor, a minha família tinha um monte de ovelhas. Uma vez que você tem 8 anos, você pode também pastorear o gado. Eu também cuidava do gado.
Depois do trabalho com animais, o próximo trabalho que você tem é o de trabalhar a terra. Passei dois anos fazendo esse trabalho, utilizando instrumentos tradicionais com o “daba”.
Depois disso, o que não foi exatamente uma escolha, embora isso seja uma responsabilidade do pai, as crianças tinham de ir à escola. Isso foi em 1944, 1945. Era obrigatório. Antes do recrutamento obrigatório da escolar, quando eu já tinha essa idade, meu pai me disse: “Um dia eu vou lhe mandar para a escola dos brancos”.
Nós, africanos, íamos para a escola dos brancos! Ele havia tomado a decisão, mas esperou 2 ou 3 anos. No ano em que o recrutamento estava ocorrendo, o chefe da aldeia, que era um parente do meu pai, reuniu todos da vila para decidir quais as famílias teriam que fornecer os alunos. Disseram a meu pai: “Você tem muitos filhos Você deve enviar um de seus meninos para a escola este ano.” Meu pai imediatamente me chamou e disse: “Chegou a hora. Você vai para a escolar; para a escola dos brancos…” E foi assim que aconteceu … Eu estava feliz com isso.
Que contato que você teve com o mundo exterior naquela época?
Não havia nenhum contato. Não sabíamos nada do mundo exterior. Estávamos fechados emu ma cápsula. Era como se o mundo terminasse alí. Nós nunca ouvíamos os jornais ou algo parecido. Talvez por causa do comércio de amendoim com o Senegal, ouvíamos mais sobre o Senegal e Gâmbia, mas era só isso. Nós realmente não sabíamos de nada.
Você quis desenhar quando era criança?
Minha mãe era uma decoradora de cabanas africanas, mas eram linhas retas e círculos pequenos, coisas assim. Quando eu fui para a escola, comecei a desenhar. Há um certo orgulho em imitar a natureza. Eu desenhei árvores, e até mesmo animais. Comecei com animais e árvores. Foram as primeiras coisas que vi. Eu acho que o desenho é algo inato no ser, no homem. Fora isso, eu não sabia nada de desenho. Mas eu não aprendi a desenhar com giz, mas com o carvão. Mais tarde eu tive que encontrar as superfícies que podiam ser marcadas com carvão.
Você teve acesso a livros?
Por volta de 1952 eu quis encontrar livros de arte sobre os grandes pintores e, no meu primeiro ano na escola, ganhei como prêmio dois livros sobre arte de grandes pintores. Eu não me lembro dos nomes. Havia um certo Delacroix, Eugène Delacroix. Foi-me dado esse prêmio porque eu era o melhor aluno em minha escola. Então, esses eram os tipos de livros que me deram.
Antes mesmo de iniciado o collegial, eu fazia desenhos para eventos oficiais como o Ano Novo e o Dia da Independência da França. Eu gostava de desenhar flores em pedaços de tecido, que as meninas então bordavam e embalavam para enviar aos oficiais e aos altos funcionários públicos coloniais.
Talvez seja assim que o Prefeito tenha me conhecido. Mesmo que eu nunca tenha assinado meu nome… Em 51, 52, ele mandou um guarda me achar. O guarda me encontrou numa noite e disse: “. O Prefeito precisa de você.”
Eu disse: “O que você quer dizer? O Prefeito precisa de um menino africano, mal vestido e que não usa sapatos? O que ele quer comigo?”
Para começar, eu estava um pouco nervoso. Afinal, eu disse, eu não tinha feito nada de errado, eu não tinha roubado nada.
Então eu peguei a coragem em minhas mãos e fui ver o Prefeito. Para minha grande surpresa, ele disse ao guarda para me dizer que ele queria me mandar para a Escola de Artífices do Sudão, na capital Bamako.
Como você chegou a Gérard Guillat e a seu estúdio?
O fotógrafo veio ver o diretor da escola. Havia um aluno que poderia decorar o seu estúdio? Novamente, como eu era o melhor aluno da escola, o diretor mandou-me para fazer a decoração.
Então, quando eu tinha feito a decoração, foi ele quem me pediu … Ele me viu com um pincel, então quando ele me perguntou se eu queria ser fotógrafo, eu não hesitei. Eu saltei para cima dela imediatamente, isto é, para a fotografia. Eu estava acostumado a trabalhar com fotos. Achava que a câmera era muito mais rápida que o pincel. Então eu me joguei inteiramente na fotografia e foi assim que eu me tornei um fotógrafo.

 Malik Sidibé. Man

jueves, 10 de noviembre de 2011

...(estudios)...


                                                            Cielo abierto

Frío aspaviento
Ciñéndome en su inercia.

Donde arde la hora aciaga y
Se engulle el sol aberrante
                                       (seco otoño calcinante,
                                                              me digo):
Deseo inmundo arrobado de letargo
Hecho de tú recuerdo.

Sonidos,
Puertas y cerrojos decoro de revista,
Ruidos,
Ladridos y automotores fluyendo;
Espacio oscuro arrebujado
Dador de artilugios discontinuos,
Simiente de nahuales cebados.


sábado, 5 de noviembre de 2011

La noche completa... dos episodios diferenciales

NAUFRAGIO
Javier Corcovado
 
  No estoy en el norte,
no estoy en el sur,
no estoy en el oeste,
no estoy en el este,
pero tengo a alguien a quien amar.

El barco de oro hundiéndose
en este mar de vagas olas;
en este mar de vagas olas
se ahogarán los cigarrillos
y los tiburones tendrán canción;
bandera transparente en los puertos
y flores de acero flotando,
derivando hacia el sueño.

No estoy en el norte,
no estoy en el sur,
no estoy en el oeste,
no estoy en el este,
pero tengo a alguien
a quien besar de lejos.

Buitres y palomas amándose,
manchando de rojo el cielo quebrado;
el viento oliendo a resaca,
los relojes a la velocidad del ruido,
el llanto invita a la risa,
la risa invoca al canto,
el canto llama a la dama
de collar oscuro en el cuello.
 
No estoy en el norte,
no estoy en el sur,
no estoy en el oeste,
no estoy en el este,
pero tengo a alguien
a quien no olvidar.

Las playas evaporándose:
la arena es verde, la heroína es roja,
la harina es azul.
Abrazado a tu recuerdo
me voy hundiendo callando,
escupiendo en el suelo de oro
de este barco apátrida.

Abrazado a tu recuerdo
escucho tu voz de lejos.
Las sirenas cargando ya sus pistolas,
los peces mandando telegramas
a los pecados vivos de miedo;
bandera transparente en los puertos,
flores de acero flotando,
derivando hacia el sueño 
y alguien a quien amar de lejos.

domingo, 30 de octubre de 2011

Inspiraciones del barrio.

Rey
A Blanca

Rey me dijo que así le hacía su hermano. Me sorrajó dos latigazos en la espalda, al ver que no eran suficientes llegó a su cabeza la idea de aplicarme unos cuantos más. Solo recuerdo que me decía cosas muy feas: “perra”, “puerca ardiente”, “ermitaña”, “descalcificada”. En cada latigazo recuerdo que su voz comenzó a disminuir su volumen y llegó un momento en que no escuché nada.
     Vi a Rey que estaba zarandeándome de un lado a otro, gritándome si estaba bien. No entendí porque estaba tan alterado. Me dijo que nunca se abrió mi piel y que por eso siguió pegándome. Fue una pena, pues jamás me arrojo nada de su cosa de abajo. La verdad es que me pareció mejor, pues luego la embadurna en mi ropa y tengo que lavarla con mucho cuidado. La otra vez mi mamá casi descubre que hago cosas con Rey. Me preguntó que por qué estaba manchada mi falda, le dije que se me había caído la leche, ella solo me dijo que la lavara. Pero nunca le dije que era la cosa que le sale de ahí abajo a Rey.
      Yo quiero mucho a Rey, aunque él no lo sepa. Me defiende de sus amigas que siempre le reclaman que me hable. Nadie de ellas sabe que ponemos en práctica lo que hace su hermano con sus amigas. Rey me ha dicho que nadie debe de saberlo, que por su boca jamás se enterarán de nada. Eso me hace sentir segura, pues dice mi mamá que no debo de hacer porquerías con los hombres, porque luego nomás te buscan para hacerte chamacos y se van. Yo sé que Rey es distinto, eso sí, jamás lo he dejado que se meta en mí, siempre me ve de espaldas y dice que le gusto así, aunque no me voltee a ver.
      A mí me gustan sus sonidos cuando le hace como su hermano. Cuando tira la cosa que le sale de ahí abajo se escucha un sonido muy raro, parecido como el que yo hago cuando termino de tocarme allí abajo. Creo que Rey siente tan bonito como yo. Cuando lo hago me deshago toda. La última vez que lo hice no me di cuenta que gritaba. Sonia, mi vecinita, me dijo que si estaban matando a alguien en la tele. Debo de tener más cuidado, pues dice mi mamá que no debemos de tocarnos abajo porque no es bueno. Que el único que debe de tocarnos es un buen hombre.
         Yo sé que Rey es un buen hombre. Me cuenta todo lo que hace con Maruca. Lo que le grita. También me cuenta como se esconde de la mamá de su novia. La última vez me dijo que mientras la mamá de Maru salió por el pan, él a toda prisa se bajó los pantalones, y maru se acercó a su cosa que estaba muy parada, la olió y comenzó a besarla. Yo le he preguntado a Rey que cuando haremos eso, pero el sólo me dice que yo le gusto de espaldas. Antes que regresara la mamá de Maru, Rey ya había sacado la cosa que le sale de ahí abajo, que es poca. Él me dijo que a Maru le gusta mucho tragársela, que tiene muchas proteínas dice ella.
         A Rey lo conocí el primer año de la secundaria. Yo no tenía amigos y mucho menos amigas. Me decían cosas muy feas. La verdad es que no sé porque no les caigo bien. Todos me dicen que soy un monstruo. Pero eso no me importa, pues yo quiero mucho Rey aunque él no lo sepa. Un día me dijo que si lo acompañaba a la casa de su abuelita. Me puse contentan pues nadie me invita a ninguna parte. Le dije que sí. Comenzamos a trepar por la calle de Humboldt y en una casa que jamás había visto me dijo que era ahí. Abrió una puerta de madera muy vieja y gritó que iba arriba a su abuelita. Subimos. Arriba sólo había un cuarto muy amplio y caliente con piso de madera muy vieja, los espejos muy grandes. Me agarró de los hombros y me volteó. Vi que Rey no hacía ese gesto de repulsión que hacen todos cuando me miran. Al voltearme quede frente a un espejo. Rey me desnudó y me dijo que me vería de espaldas. A partir de ese día vamos a la casa de abuelita, no tantas como yo quisiera.
Rey me dice que su hermano en ese cuarto trae a muchas mujeres y luego se quedan dormidos. Yo duermo casi siempre con mis hermanos. Desde que llegamos de Huaya llegamos a esta parte de Pachuca. Mi papá encontró un cuarto grande donde cabíamos casi todos nosotros, Juan, Timoteo, Armando, Lucha y yo. Pero mi papá se fue al poco tiempo, dice mi mamá que ya no regresará. Que solo vino como todos para hacerle hijos. Yo creo que es verdad porque he visto que somos muchos. Cuando papá no llegó mama se fue a comprar flores a la central de abastos, esa que esta cerquitas de la central de autobuses. Y todos vendemos flores en el centro de la ciudad, alrededor del Reloj. Pero creo que mi papá debe de regresar, pues dice mamá que no alcanza el dinero. Quizás por eso Juan entró a trabajar a un taller de torno cercano a la casa, allá donde vive el señor Eustaquio.
Yo no le he comentado nada a Rey, pues cuando caminamos a la casa de su abuela el trae muchas ideas en la cabeza, tantas que no podemos hablar. Yo creo que se concentra cuando me dice todas esas palabras que nadie más me dice, “perra”, “puerca ardiente”, “ermitaña”, “descalcificada”. Los latigazos son recientes, porque dice que su hermano lo utiliza. Pero a Rey no le sale nada de ahí abajo, y entonces me vuelve a decir esas cosas, “perra”, “puerca ardiente”, “ermitaña”, “descalcificada”. Como él me ve de espaldas yo lo veo de reojo, y él se esfuerza mucho en que salga algo de su parte baja.
La otra vez la maestra Blanca se acercó a mí. Me preguntaba que qué hacía para jugar. Yo le conté que no tenía tiempo para jugar, que en cuanto llegaba a la casa solo era limpiar y arreglar. Porque mamá salía muy temprano para ayudarle a vender a la tía Mónica.
               

Recortando el periódico...


“No he sido un hombre sociable, soy bastante más tímido de lo que parezco, y miedoso para muchas cosas, con fobias. Estoy escribiendo como siempre, y espero que si vivo varios años más sea con buena salud mental para poder seguir en lo mismo, no trato de ser mejor, lo único que trato es no ser peor”.

Bryce Echenique

sábado, 15 de octubre de 2011

...(elucubraciones)...

Ser no siendo:
Jalapa, laderas en un presente nublado

Mundo extraño,
Este que se me ha metido hasta el corazón
Muertos, vivo-muertos, tristes-muertos, descorazonados-muertos
Casi ningún eterno a la vista
¡Vaya con esta realidad hecha tormenta!

Subvertida por el consumo,
Jalapa se desvanece de mi evocación.
Veo desplazarse este verde hecho de lluvia,
Esta neblina que llega de todos lados.
Es un hueco en mi razón,
Yo que soy de una ciudad tan grande como mis deseos
Yo que soy de climas secos hasta el hambre,
Esta ciudad se me antoja hiperreal.

Enhebrado por el imaginario y la razón:
Crece con sus collage arquitectónico
Amenizada entre poetas, novelistas, reaccionarios,
Estudiantes, directores y la gente.
Puedo ver sin ver esta ciudad marcada por hondonadas
Sumergida en su húmeda historia:
Hecha de textos, tiempo y de museos.

Extendida sobre elevaciones bajas,
Están al asecho los nuevos muertos
Los nuevos asesinos baratos.
Vieja ciudad que te alimentan élites,
Surcas la frontera del altiplano y la costa
¿Y me pregunto quién eres?

Trasformada
Ciudad desafortunada, cortada con retroexcavadora
Embrujo de tus hijos
Pasión de familias con abolengo
Ciudad hundida en  ruinas.

Muta la movilidad.
Gira el sol y la oscuridad
En tu presente hecho de parches
En tus indígenas lejanos
En tus descendientes
Heredados de pasmo, el tiempo y
Un lejano presente que se antoja ajeno.


Apuntes sobre la Sierra de Guadalupe

  I   Las palabras se han quedado vacías, con esta humedad elevada, esta periferia que rezuma melancolía.   La lluvias se muestran atípicas,...