Yo soy una ambulante sepultura
En que reposa tu fugitiva permanencia
Que me va madurando, lentamente,
Hasta que mi existencia entumecida
Se adiestre en vuelo que recobre estrella.
Elias Nandino
Algunas referencias necesarias se desprenden,
Los rayos caídos de esta estación del año,
La acidez laboral que golpea hasta la médula,
La gran urbe golpeando sin tregua,
Esos espacios anónimos hechos para la complicidad.
Brotas, así de la nada, como sí el paisaje arbóreo de la ciudad
Atrajera tu presencia, llegas, con el derrumbe del fin de semana:
Ese que ocupa del trabajo de casa para estar bien,
Preámbulos que no dejan estar en mi condición ordinaria.
Apareces, en tu piel enfundada, cansada
Con tu cuerpo que es el tiempo, de ese Dios que es la nada,
Resueño de otrora tranquilidad urbana,
Eres la ciudad desde el norte hasta el sur de mi geografía metropolitana.
LLegaste, la memoria traiciona, con su corporea manía de profundizar en las pérdidas,
En las mañana con ocasos estivales y sus sueños irreales,
Cambios, modificaciones que se ensalzan provistos de la urbanidad sin tregua,
Concreto, bolardos impidiendo habitar las calles con frecuencia.
Christopher de un lado, con sus dolores que no paran de ser de la ciudad,
Diada del otro, con el mundo colapsado en sus tiernos años de luz,
Llegas aquí, memoria autoreferente, donde el aire adyacente no dice,
Cuajo de nostalgia que finca sus venas con dolores apenas.
Levanto mis palabras para agradecer que son, que estamos convergiendo
Que sea el aire la guía, plenitud del mundo sin mover, moviendo,
Seguiran aquí, con la destemplanza de lo asequible, de lo inaccesible…
Que este otoño sea el magnifico recuerdo de la vida.
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