Me he descubierto hablando contigo,
Sonríes avispada, con el sortilegio del mundo digo, que estás…
Contenta, dialogamos sin cortapisas
Con las ideas recicladas desde nuestros primeros encuentros.
Sigo hablando contigo, apenas nos decimos
Con una mirada, entristecida, reconocemos ciertos maltratos del otro.
Cabeceamos, acertando en nuestras convergencias a destiempo, a deshoras.
Puede el tiempo pasar sin tiempo, el espacio devorándose a sí mismo,
Pero la palabra se guarda con los retoños que no vemos crecer, no vemos fructiferar.
Como sí, no quisieramos de nosotros, como sí quisiéramos de nosotros.
El imsonnio ahora fue tuyo, no, no hay responsabilidad de mis acciones,
Tan solo, he querido adjetivarlo, darle alguna connotación para así “darme respuestas”
(dices tú),
Pero hay algo deslavado, apenas difuso, el cansancio también me acaba,
Como sí todo fuera parte de uno, de dos, de tres, de las orientaciones de la mañana.
Pero, no diré que hay luz, que este tragaluz me agrada en otoño
(si, cuando el sol está entristecido
y los rayos del sol lucen inclinados,
amenazando el invierno)
Que la falta de sueño es cansancio entumecido,
Miedo a lo desconocido.
He querido decirte, como siempre, del paisaje eterno desde aquí,
En ocasiones despotrico por tu ausencia abismada y, en ocasiones, nadeante,
Que corro con mis dolores hasta velocidades de ciento treinta kilómetros por hora,
Pero siempre me canso, la espalda baja, las cervicales, como sí el placer de correr se fuera con la mañana.
Decirte… siempre decirte.
Nuevamente, sé que sonreirás, preguntándote, accionando con lo inmediato, con tu espacio conocido,
Yo tan sólo te veré, levantaré la mano y seguiremos tristes, como sí nada cambiara tras la tarde de arduo trabajo,
Como si estuviera escrito que en algún momento nos veremos, como sí estuviera dicho que ahora estamos separados.
Por ahora los viajes están suspendidos, tanto placer en los climas y territorios otros, que tiendo a olvidarlo,
He tratado de fijar el recuerdo de lo bello a través de tu mirada, del sentido último de nuestras palabras cada vez borrosas,
Como sí ayer fuera hoy o el hoy estuviera manchado de ayer, tiempo borrosos para este sentir entristecido.
Me he despertado con las ganas, de reconocer tu cabello húmedo, con la avenida fría y los carros zumbando,
He querido decir que te deseo, como desde hace tiempo, como desde que desplegaste tu voz en el viento, en el tiempo,
Donde aquella playera rosa y tu pechos al viento, pero todo se derrumba, ya no es Ottawa el momento, ya no son tus ganas de viento,
Queda esta ciudad llena de carbon, miles de automotores en faena plena cubren el horizonte, que la aceptamos
Con los viajes eternos, que siempre haremos en la gran ciudad del tiempo.
La mañana entra, será una mañana nublada y cálida tarde, con el brillo que deslumbra y la tarde venidera,
Cerraré este poema con tú aroma neutro, tú sudor tranquilo, con tu fuego siempre nuevo.