La completud de las palabras
Aparece con el brillo de la luna,
Con un cielo despejado
Alumbrando la belleza de las formas.
He visto la Luna, con un brillo extraño
Honor que no proyecta una fotografía,
He visto, también, como regresas
Como si estuvieran atado a las esquinas.
Desde tu marcha
La normalidad no llega,
Incluso lo absurdo me habita,
Como si lo normal no fuera.
Trato de sonreír
Pero nada del día concuerda.
Grito… aqui,
No apareces,
Más cerca
Está la desesperanza,
Ola anónima que baña de vez en vez.
Y sin sospecha alguna,
Descubro que las páginas se repiten,
Los humanos cruzan de un lado a otro
Embadurnan su mañana con la humedad pensada…
Con el postigo de lo cotidiano,
Repeticiones infinitas.
En esta oración está tu invocación,
Pero no puedo definir la orientación:
¿Para que no vuelvas?
¿Por un sol brillante?
¿Por una luna diestra?
Cómo voy nombrarte ahora.
Con el sonido de lo discordante,
La mirada opaca todavía
Se entrecruza con las culpas
Con los dolores que no reconocías.
Y nadie, sin saberlo
Brinda su cuerpo para luego,
La suerte se acaba sin saberlo,
Pronto la felicidad se agota
La realidad colma
Y la dureza nos habita.
Hay una suerte finita:
La palabra, el ensortijado duradero
Que se cruza de infortunios
Siendo asidero de la normalidad lustrada.
Otra vez
Zurcir con lo mínimo,
Con las herramientas necesarias,
Siempre puliendo las palabras roídas,
El contexto completo de la partida.
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