Caballero enlutado que en el silencio avanza,
La Desgracia me hirió el pecho con su lanza.
Paul Verlaine
Sensatez
Diletante,
Aparece en tú cúspide,
Viejo lobo de mar posando en playa rocosa.
La magia y el misticismo,
Pega en tu Francia decadente
(Siempre declinante),
Ver al humano
Cortando el cielo, la Tierra y algunos infiernos,
Te deletreo
Y por algún artilugio llega tu aliento avinagrado,
Te saludo viejo,
Puedo leerte después del gran tiempo de sabios.
Ya puedo decir
Que acá hueles al siglo XIX,
Doloroso, horripilantes días para la vida.
Romper los cercos,
Ese mundo nombrado comunidad,
Cruento combate donde la algarabía
momentanea,
Deliberante
trunca la cotidianidad.
El deseo en el poema,
“La vida buena” que no sé puede leer
En tu poética beligerante,
Resuena tu juventud,
Se cuajan tus delirios.
Ser poeta en una Europa para la muerte,
Nombrar vida
En las limitaciones sociales
Que entorpecen en los tiempos comunitarios,
Decir,
malherir a los viejos
Que leyeron tu poesía sin etiquetas…
No decir de la academia,
Te siguen sorbiendo
Les sigues doliendo,
Puede buscar en tus pasos la retórica intocable
La que respira el mundo, aunque lo ignores…
Especialista en nada, creyentes de todo.
Europa nunca ha sido el mundo.
Con un bastión de diferencias que no te importan,
Puedo leerte, mago francés
Agujereando las palabras
Remachando el dolor.
Te miro desde mi lectura,
(no hay otra que diga de este tiempo)
Puedo inclinar balanzas,
Que más da,
Nadie me leerá
A quién podemos impresionar,
Viejo lobo de mar.
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