sábado, 20 de septiembre de 2025

El padre

Anunciaciones

Con el recuerdo…

Postrado en cama,

Pasan las horas alargadas.


Vas siendo de la memoria,

Donde el presente se presiente,

Donde el declinar se reciente.


“Voy a morirme

Ahora sí, Antonio”:

Te despiertas, 

Balbuceando, 

Como faltando el aire.


Reelaborar


Tratar de recordarte:

Con la cara entumecida,

Con el brillo del sol enunciándote,

No hubo una mañana más…


Tu cabello cano

Se entremezcla con los deberes,

Toco tu frente

Disculpando todo:

El mal tacto de la vida.


Sonrio

Sé, que puede ser la última 

Imagen de la mañana,

Antes que llegue

Una visita indispuesta.


Mes maldito


Entre la tarde

Se envuelve las horas,

Mañanas de ausencia,

Tarde de dolor.


Tiempo enredado,

Aplazando los minutos

Suplicando tu descanso.


Estás en tu bostezo,

Enunciando la fatiga de la vida,

A veces gritos,

Otras más,

con tu falsa cara de niño bueno,

Permitiéndote sonreír.


Con la medida de la vida,

Un mes se te escurrió entre aflicción 

Y daños corporales.


Alguien te cobró caro la vida,

Sin tregua,

La orina y el excremento fluyó,

Con esa sangre que nunca cesó.

¿A quién condenar?


Anunciaciones morales,

Me  invaden,

Me niego,

Serás ese eterno que me sonríe,

En estos territorios de cruenta realidad.


Ausencia 


Comienza el trajín de la mañana.

A pocos les importa tu ausencia,

El sol pega en los muros de siempre,

Las nubes dan tregua,

Mas solo el recuerdo aguarda,

Ver tu sonrisa

Que no siempre estaba presente,

Tus palabras que ya no estarán,

Tus delirios que se han marchado

Con tus aromas de luto.


No estás

(Retirada permanente),

Hay una ausencia,

Delimitada,

De quién para quedarmos,

Los que recogimos tus obsesiones,

Los que introyectamos tus relaciones

con el mundo.


Descanso 


Tu obsesión por descansar,

Horas en  cama,

Con sopor de lejanía.


Reflejo del mundo

Cuando el humano 

Tan solo es un brazo,

Una mente

La molestia necesaria.


El cuerpo

Se hace presente,

Permitiendo 

El dolor del mundo,

Ese, que

Jugó en tu interior,

Alguna ulcera

Una arteria.

Miomas… calcificados.


Recrear tu muerte

Desde el final laboral,

Con la pasividad televisiva

Camino salitroso, 

nadie quería verlo.


Empezaste a fallecer

Cuando el silencio

Empezó a decir,

Cuando ya no estabas,

Incluso cuando gritabas.



El cuarto oscuro


¿Cuantas veces reprobé

formas de organizar 

Tú casa?


Aún 

Flotan los aromas de siempre

Los que supuse parte de ese espacio.


La casa ahora es de Grandu,

Maulla 

Es presencia del recuerdo:

De su camada ida,

De Isa molesta,

De los gatos de la calle. 


Sin más algo

Qué nada,

Camino, esperando tu mirada,

Sigo esperando tu aceptación,

En cosas que no tienen trascendencia.


Con los cambios de un sistema protector

Al mundo de la globalización,

Nos descubrimos

Con tus ordenanzas,

Con lesiones oscuras

Que aparecieron hace poco.


Una construcción

Es tu herencia,

Algo incompleto,

Aquello logrado:

Un cuarto,

Del que la madre huye,

Donde humedad

Y tristeza quedan.


El cuarto es oscuro,

Algo, similar a ti,

El cuarto donde te presentimos

Donde estás sin estar,

Ahí,

El cuarto

La zona oscura sentida.


Lecho marino 


Tan solo trescientos kilómetros,

Desde tu sepulcro 

al Golfo de México.


Un tramo de vida,

Donde  ya no estás,

Ya no cabes,

Te has marchado.


Quiero ver tu recuerdo,

Algunos retazos

Pueblan la media noche…


Este viento,

Este faro

Este calor interior,

Que vivimos en el Pacífico.

Memoria bendita,

La diversión del tiempo,

Deshilvanada en el verano.


Ahora aquí,

Con tu mirada que ya no ve,

La extension de un vástago

Que no quiere ver con tus ojos,

Renunció sin renunciarte,

No quiero saber

Y pronto me enmarcas,

Veo tu cara afilada,

Indignado con la vida,

Rompiendo el mundo con tus manos.


Ahora

El lecho de esta rivera

Me hará pensarte,

Cerciorar que estuviste en el mundo,

Repensar tus modos caídos.


Nombraré esta parte del Golfo

Para saber

Para decirme que somos

Parte de este planeta inconmesurable.


Este estrecho marino…

Abierto,

Lleno de oquedales, 

Sabe

De años de erosión,

De ciclos de devastación,

También sabe de ti,

Este viejo lecho marino.


He llegado aquí

Para despedirme,

Invaluable estuario

Para decirte buen camino,

Tarde de asombro y viento,

Recibe tu brecha amplia,

Levanto mi mano:

Sonríes 

viejo el mundo

sintiendo la coraza

que me ha regresado a la playa.


Requiem corto


Dormiré.

Lloraré un poco,

El necesario para recordar

Que el cielo siempre se confundirá 

Con el infierno. 


Que sea la noche que ya no viste más,

El suelo que fructifique 

En las mañana cálidas,

Ya no estás.


Chalada


Como una noche ligera,

Está el paso del tiempo sin cortapisas.

Está tu apoyo… 

El resplandor de lo posible.


Como una broma

Desapareciste.

En cuerpo,

En la visión general 

De los que te queremos.


Estás tus ondas represivas,

Los gritos que aún me asustan,

El cielo quedado en cárcel.

La tierra cortada por ríos.


Fue un evento corto,

Cuando nunca quise saber de ti,

Ahora, 

Mas presente estás ausente.

Sigo sin querer saberte,

Pero todo resuena para no olvidarte.



Recortes


Tu muerte,

Me ha llevado a mi finitud.


No más rebeldia preconcebida,

Medio centenario alardeando en mis entrañas.


Me he puesto a llorar,

Padeciendo mis vias urinarias,

Y como una estela,

Sufrir los dolores que apenas siento.


Aún estás cerca,

Con tus enojos absurdos, y

Tu violencia inusitada.


Haré 

Una profunda selección,

Qué para tu olvido,

Qué para conmigo.


Sin poder visualizar,

Claramente,

Estoy a un paso de elegir,

A un paso de la vida,

A miles de kilometros del odio.


¿Qué es lo que no quiero del padre?


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